Gracias. Con esta sencilla palabra que a veces cuesta tanto decir quería comenzar mi singladura como colaborador en el Semanario Más. Gracias a mis antiguos compañeros que han confiado en mí a pesar de no estar en la brecha durante un tiempo. Gracias a mis profesores que me despertaron el gusto por la prensa y la radio, ahora comienzo el día con ellos. Y gracias por supuesto, si me permitís que os tutee, a todos vosotros. A los que cada viernes, después del café y las viandas que sean menester, vais a recoger este semanario en cualquier punto de la ciudad. A los que me vais a leer y a los que no. A los que compartiréis mi punto de vista y a los que discreparéis (especialmente a estos. Sin discusión e intercambio de ideas, la vida se hace muy pesada).
Después de argumentar el gracias, os contaré por qué esta Cresta de la ola. Estar en la cresta de la ola es sinónimo de vanguardia, de estar al tanto de lo último que sucede. Si lo proferimos como voluntad, expresa nuestro deseo de alcanzar metas más altas y mejorar lo que tenemos. Después de dar algunas vueltas en mi cabeza, concluí que este título sería perfecto, más aún teniendo en cuenta cómo están las cosas a nuestro alrededor en los últimos tiempos. Todos y cada uno de nosotros, de forma especial aquellos que han perdido su empleo en estos años, merecemos ponernos de nuevo en esta cresta. Y no nos engañemos, no serán los que han causado esta grave situación los que nos ayuden a salir. Espero equivocarme, pero más bien será al contrario. Estoy convencido de que en cada uno de nosotros de manera individual reside la solución. Lo cual no excluye lo fundamental de trabajar en equipo, pero sin perder el concepto de individuo. Tiempo habrá en estos meses venideros de opinar sobre asuntos de la vida política, cada vez más corrupta. Cada día que pasa produce más hastío ver cómo esta se extiende desde la Corona hasta los nuevos grupos de bandoleros, empeñados en robar supermercados, como si tomar la justicia por la mano de cada uno fuera una solución. Y que pasa por todos los partidos políticos, salvando honrosas excepciones y tiene una de sus cumbres en los sindicatos. Tiempo habrá para detenernos en ello desde un óptica local, aún así me gustaría adelantaros que el enfoque de esta cresta será el principio que mueve mi manera de pensar y de actuar, la libertad y por tanto el liberalismo.
Por eso, y sin ánimo de ser grandilocuente, me gustaría recordar unas palabras que me convencen de que la salida a este túnel no se encuentra en la creación de más entes públicos o en el fomento del gasto, el aumento de impuestos o de tasas, todas ellas partes del problema, sino en la dirección contraria. Así dijo Cervantes en boca de Don Quijote: “la libertad amigo Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran los cielos y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida” La libertad de poder llegar a acuerdos entre nosotros, la libertad de disponer de nuestros bienes cómo decidamos y la voluntad decidida de que las personas en muchos casos no necesitamos tutelas de ningún tipo, ni políticas, ni financieras, ni sindicales, para hacer cosas muy grandes.
En definitiva esa era y es la idea de la Cresta de la ola, ser un punto de vista diferente de las cosas y una columna abierta a todos aquellos que queréis opinar libres y con respeto. Tal y como suena deliciosamente en el clásico de Mama Cass Elliot, “Make your own kind of music”, que tengamos la libertad suficiente para hacer nuestra música tal y como queremos, aunque a veces sea difícil y nos toque cantar solos. Gracias de nuevo. Os espero en la cresta de la ola.




















José Luis
Muchas felicidades para ti y todos los que hacéis el Nuevo Más. Aquí estaré cada semana siguiendo lo que vayáis publicando, unas veces de acuerdo y otras discrepando 😉