Cecilio Fernández Bustos, cuando era director de la tristemente desaparecida Aula de Poesía José Luis Sampedro, tuvo un sueño: transformar la calle Infantas en la Avenida de los Poetas. Para que el sueño se transformará en realidad se creó el Premio de Poesía Villa de Aranjuez que sólo se otorgó en tres ocasiones. El primer galardonado fue el poeta cordobés Pablo García Baena; el. segundo (y a título póstumo), el asturiano Ángel González, y la tercera, la alicantina Francisca Aguirre. El premio (que no tenía dotación económica) incluía incorporar al paisaje urbano un poema elegido por los autores grabado en una placa de bronce instalada en un elegante atril. Con la desaparición del Aula de Poesía también se esfumaron el Premio y el sueño de Cecilio. Permanecían, eso sí, los tres atriles con sus respectivos poemas. Bellos poemas de grandes autores consagrados elegidos expresamente por ellos para ser leídos en Aranjuez por quienes pasean por el arbolado boulevard. Pero hace ya más de un año (ante la indiferencia total de las autoridades) llegaron los vándalos y arrancaron de dos de los atriles las placas de bronce. Sólo permanece, lleno de pintadas y pegatinas arrancadas, el poema de García Baena.
Vandalismo contra la poesía





















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