· Claudia Miranda Ruiz
Aranjuez es una ciudad preciosa, o al menos podría serlo. Todos queremos vivir en un municipio limpio, seguro, cuidado y amable. Sin embargo, lamentablemente, la realidad que muchos vecinos estamos viviendo dista cada vez más de esa imagen.
La sensación de inseguridad es creciente. Existen situaciones y comportamientos conflictivos que son conocidos por muchos vecinos, así como problemas relacionados con robos y ocupaciones que generan preocupación y malestar. Ante esta situación, cabe preguntarse: ¿qué medidas se están tomando para garantizar la seguridad y la convivencia de los vecinos?
A esto se suma el creciente deterioro y suciedad de nuestras calles, hay basura por todos lados. Y qué decir del estado del pavimento: socavones, hundimientos y desperfectos que encontramos prácticamente a diario en numerosas calles y esquinas.
También resulta preocupante la situación de determinadas zonas de ocio, especialmente cuando se encuentran en áreas residenciales. Los vecinos tienen que soportar gritos, peleas, escándalos y, en ocasiones, situaciones mucho más graves, como apuñalamientos, además de encontrarse los domingos por la mañana con restos de orina, vómitos, sangre, vasos y basura en las calles.
¿Realmente no existe ninguna solución? ¿No sería posible concentrar determinadas actividades de ocio en zonas donde no se perjudique el descanso y la tranquilidad de quienes viven alrededor?
Y está también el problema del ruido, especialmente el provocado por algunas motos, cuyos niveles sonoros resultan absolutamente desproporcionados. Cuando los vecinos expresan su malestar, y muchos responden «prohibido divertirse» demuestra, en mi opinión, que no se está entendiendo cuál es realmente el problema. Nadie está en contra de que la gente se divierta. Lo que se reclama es algo mucho más básico: el derecho a descansar, a vivir en un entorno limpio y seguro y a poder disfrutar de nuestras propias viviendas sin molestias constantes.
Aranjuez merece mucho más. Merece calles cuidadas, seguridad, limpieza, convivencia y un Ayuntamiento que escuche de verdad a sus vecinos y actúe ante los problemas que afectan a su día a día.
Los vecinos no pedimos cosas imposibles. Pedimos algo tan sencillo como poder estar orgullosos del lugar en el que vivimos.

















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