Aranjuez podría presumir sin rubor alguno del galardón de la ciudad más sucia de Europa gracias al incivismo ciudadano (éste, de premio mundial) y a la ineficacia de los servicios de limpieza y de quien debería velar por el cumplimiento de los contratos. Sí, esos de la Casa con reloj frente al Mercado de Abastos.
Mientras tanto, el desahogo vecinal llega -al menos desde ayer en el caso que nos ocupa- a los límites imprecisos de la frustración (algunos viejos recuerdan el paso de un carrito de limpieza por aquella calle) y del cabreo y la mención de los ancestros del dueño/a del animal que deja los recados frente a su puerta.
Habrá que preguntar a la UNESCO cuál es el próximo título que avale el lamentable estado de conservación y de limpieza en general de la ciudad, la futura instalación de una megaplanta fotovoltaica y lo perpetrado en el Parterre.




















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