Descubre sus clases y quién fue la Tía Javiera
Los madrileños y sus visitantes consumirán en las festividades de la Comunidad de Madrid y San Isidro 6.300.000 millones de rosquillas artesanas, según ha adelantado la Asociación de Empresarios Artesanos de Pastelería de Madrid (ASEMPAS).
Las tradicionales rosquillas del Santo se comercializan en las confiterías en cinco variedades, las listas, que suman casi el 50 % de la demanda; las tontas, de Santa Clara y jubilar, con un 40 % de consumo y las francesas, con un 10 %.

¿Y cuál es cuál?
- Listas: sin anís en la masa, se bañan en jarabe de azúcar y limón y luego en glaseado de limón.
- Tontas: sin cobertura, con masa de huevos, aceite, azúcar, harina y anís.
- Santa Clara: cubiertas con merengue (claras montadas y azúcar).
- Francesas: rebozadas en almendra en grano, llevan yema de huevo y se hornean, terminadas con azúcar glas.
- Jubilar: creadas en 2022 a petición del Ayuntamiento de Madrid, como celebración de ese año jubilar, llevan masa con anís y se bañan en chocolates, con decoración libre.
- Además, existen versiones sin gluten disponibles para personas celíacas.
La Tía Javiera
El origen de este tipo de rosquillas se remonta a la Tía Javiera, su creadora, de quién habló
Jacinto Benavente el 10 de mayo de 1950 en ABC. Allí el Nobel contaba que las rosquillas del Santo eran de tres clases: las tontas, las de Fuenlabrada o yema y las de Villarejo de Salvanés o de la Tía Javiera, que por rosquillas hizo famoso su nombre y el de su pueblo, en el que el padre del dramaturgo ejerció de médico, y en el que llegó a conocer a descendientes de la famosa Tía.


















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