- Carlos de Andrés
Tarzán estaría feliz de ir colgándose de rama en rama en la zona del camino a la estación de Renfe. Allí, junto al Palacio de Silvela, los árboles devoran a los peatones, que deben andar, y nunca mejor dicho, ojo avizor, por si alguna rama les convierte en Princesa de Éboli. Mientras tanto a otros, la Delegación de Medioambiente los ha dejado más mochos que el palo de una escoba.






















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