El título de mi columna de esta semana bien podría servir para una película de Berlanga, o tal vez para el perfecto manual de cómo gestionar pésimamente los fondos públicos de un municipio, o quizás como texto para ilustrar una viñeta acerca de las prácticas habituales de muchos de nuestros políticos. Pero no, en este caso, tan solo es la manera de resumir el informe que la Cámara de Cuentas de la Comunidad de Madrid ha elaborado en relación a la gestión municipal, correspondiente al periodo 2010-2011, es decir, época socialista. Dicho informe es demoledor, indiscutible, certero.
Asusta que algunos veteranos de esto, antiguamente llamado política, y hoy reconocido como negocio, todavía se empeñen en reivindicar el “orgullo” de esa nefasta etapa. Sería como el cirujano que olvida algún apero en el interior del cuerpo de un paciente tras una intervención, y después se regocija en el error. Lo mismo. Ahora solo queda el recurso a la pataleta, a la amenaza de ir a los tribunales. Las soflamas huecas de que antaño, “con aciertos y errores”, las cosas se hicieron bien. Qué vergüenza.
Vayamos a las conclusiones de este largo y tedioso informe. Para empezar, los procedimientos que guiaban la actividad del Ayuntamiento son considerados “inadecuados” teniendo en cuenta “los principios de legalidad, eficiencia, eficacia y economía”. La primera, en toda la cara. Esto, para uno que se dedica a la docencia, es un suspenso, un necesita mejorar. Y para los que no se dediquen al noble arte de la instrucción, es simplemente un desastre. Un despropósito.
Aquí no termina el vendaval. No hace falta moverse de la primera conclusión para atisbar más golpes. Se acusa al anterior equipo de Gobierno del PSOE de “falta de fiabilidad” en información y controles. En castellano vulgar, eso es que no se fían ni un pelo de lo que por entonces se cocía en el trecho dionisíaco. Ya saben, esa famosa dicotomía filosófica entre Apolo y Dionisio. El primero, la claridad, la música y la poesía. El segundo, el éxtasis, el fulgor, la intoxicación. Nos viene al pelo.
Y sin salir de la primera, tenemos que sumar una organización documental que no permitió a la Cámara de Cuentas una “ágil localización de los expedientes”. Peor imposible. Pensándolo bien, sí que podía haber utilizado el título de alguna película para resumir esta documentación. Se me viene a la cabeza aquella protagonizada por el histriónico Jim Carrey, “Una serie de catastróficas desdichas”.
Tomen nota de la segunda conclusión. Nos recuerda que el decreto de alcaldía que vigilaba las funciones y competencias de servicios y unidades del Ayuntamiento, de 2006, fue anulado en 2009 por “infracción de los preceptos que regulan el derecho a la negociación colectiva”. No contentos con ello, el decreto nuevo de 2009, según el informe, “perseveraba en la misma línea que el anterior”. Es decir, sin respetar las normas vigentes “en aspectos esenciales de la organización municipal”. Harían falta unas cuantas decenas de periódicos para resumir la retahíla de graves acusaciones que arroja el dossier: “inexistencia de una Relación de Puestos de Trabajo”, la obligación forzosa de una prórroga presupuestaria, “el inadecuado control de los compromisos de gasto de carácter plurianual”, la no constancia de valoración del entonces Ministerio de Economía y Hacienda del Plan de Saneamiento (tiene guasa lo de sanear aquí) aprobado en 2009, y un largo etcétera.
Todo parece tan surrealista y cómico, si no fuera tan grave, que si leen el informe (lo cual no recomiendo, es infumable) se hicieron mal las cosas hasta con los asuntos de los muertos. Véase lo relativo a la concesionaria del cementerio municipal.
Lo más grave es que los responsables de todo el desaguisado siguen viviendo de lo público, y eso, indigna.
Decían en mis clases de filosofía que “el Príncipe” ha de destacar sobre los demás en su capacidad de mando, por sabiduría, previsión, templanza y celo en el bien público. Estamos en las antípodas.




















Ribereño
Agradezco su atención y le comento que solicité en su momento un informe que demostrase que dichas obras supondrían una mejora y supresión de los atascos en esa entrada. Y la respuesta ha sido…cero. Y eso que lo hacen con nuestros impuestos.