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Sida

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Héctor Anabitarte

El pasado 1 de diciembre se conmemoró, un año más, el Día Mundial del Sida. En los telediarios, un par de pantallazos, unas declaraciones de Buenaventura Clotet, un recuerdo para los muertos más famosos (Rock Hudson, Freddie Mercury) y poco más. Nada que ver con lo que acontecía cada 1 de diciembre en los años 90 cuando el SIDA y su estela de muertes copaban buena parte de la programación televisiva .

Es que entonces, antes de que la infección por VIH/SIDA fuera contenida con la aplicación combinada de fármacos antirretrovirales, SIDA era igual a Muerte. Afortunadamente ya no existe esa terrible ecuación y el SIDA se ha transformado en una enfermedad crónica y tratable. Enorme avance que, sin embargo, no alcanza a todo el planeta, pero es una realidad en el llamado primer mundo.

Dicho avance está en peligro actualmente. Eso se desprende del Informe publicado por INFOCOP (Consejo General de la Psicología de España) con ocasión del Día Mundial del SIDA, que toma como base las advertencias que hace ONUSIDA en un texto titulado «Sida, crisis y el poder de transformar». donde presenta una radiografía precisa del actual estado de la pandemia , de los avances logrados en las últimas décadas y de las amenazas que ponen en riesgo la continuidad de la respuesta global-.

Según advierte ONUSIDA , tras décadas de avances , el progreso acumulado en la reducción de infección por VIH y de muertes relacionadas con el SIDA  se ve amenazado por un colapso súbito de la financiación internacional, además de por la inestabilidad geopolítica, las crisis humanitarias, la desigualdad creciente, el aumento de leyes punitivas y el resurgir de movimientos anti derechos. 

Los avances se ven amenazados por la repentina retirada de fondos internacionales, especialmente por los recortes drásticos impuestos por Tump a PEPFAR (Plan de emergencia Para la lucha contra el SIDA). El impacto, según ONUSIDA, ha sido inmediato: cierre de clínicas, interrupción de tratamientos, escasez de reactivos, parálisis de programas comunitarios,  limitación de servicios de prevención y pérdida masiva de personal sanitario especializado.

El documento de ONUSIDA alerta que, si los recortes se mantienen de forma permanente, la consecuencia será devastadora: más de cuatro millones de muertes adicionales y más de seis millones de nuevas infecciones previstas para 2030.

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