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La crueldad extrema como reclamo electoral

héctor anabitarte
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Héctor Anabitarte

La crueldad extrema, la exhibición sin pudor de la misma, contra todo lo que podríamos suponer, trae votos. Ser cruel, malvado y serlo sin pudor es un plus no un hándicap para convencer al electorado. 

Trump, Milei, y Netanyahu… son ejemplos de cómo se puede llegar a lo más alto del poder mostrando sin recato la peor cara que un ser humano puede tener. Trump lo hizo en su primera presidencia comportándose como un ogro naranja encerrando inmigrantes en jaulas, separando niños de sus madres, insultando periodistas, fardando de machista, arrasando conquistas sociales, etc, etc, etc…

Perdió las elecciones posteriormente ante Biden, un «blando» demócrata según él, y no dudó en alentar un golpe y llamar a la toma del Capitolio, asegurando que le habían robado su trono. Cuatro años más tarde, sin dejar de dar la tabarra ni un solo día, a pesar de sus múltiples escándalos financieros y sexuales y de la enorme cantidad de juicios que tuvo que afrontar, regresó al poder, más fuerte que nunca.

Milei, un extraño personaje, tertuliano televisivo, economista de la desprestigiada escuela vienesa, esotérico negacionista del cambio climático, atacando la Justicia Social (para él una «inmundicia») y todos los derechos conseguidos desde el siglo XIX, promoviendo la meritocracia y la insolidaridad, con una motosierra en la mano, el pelo revuelto y muchos gritos llegó a la presidencia de Argentina anunciando que era un topo que venía a desmontar el Estado desde adentro del mismo.

Para demostrar que hablaba en serio, bajó jubilaciones, expulsó de sus trabajos a miles de empleados públicos, quitó ayudas a los hospitales y frenó la entrega de medicamentos gratuitos para tratar el cáncer, liquidó las obras públicas, apaleó jubilados todos los miércoles ante el Congreso… y, además, promovió una cripto-estafa a escala global mientras su hermana Karina se dedicaba a «coimear», un 3 % de los fondos destinados a los discapacitados y varios narcos eran incluidos en las listas electorales de las elecciones de medio término del pasado octubre.

Aunque las encuestas indicaban que iba a sufrir una derrota histórica, sucedió todo lo contrario y con la ayuda de Trump  (que llamó a votar por él públicamente) barrió en las elecciones. Tras el triunfo aseguró que ahora sacará adelante su gran proyecto: la reforma laboral que incluye jornadas de 12 horas, despido libre, vacaciones partidas según lo determine la empresa, quita de las indemnizaciones, jubilación a los 70 años… 

Netanyahu, por su parte, es el ejemplo extremo de la maldad como forma de gobierno. Un genocida en toda regla que, por mandato divino, pretende hacer desaparecer del mapa a Gaza y a todos los gazatíes.

Detallar la crueldad exhibida en todos los televisores del planeta resulta innecesario. Actuó con la complicidad de casi todos los gobiernos que miraron hacia otro lado mientras la masacre tenía y tiene lugar. Netanyahu, antes de la guerra en Gaza, era casi un cadáver político, arrinconado por sus casos de corrupción. La guerra lo salvó y transformó en mesías.

La crueldad extrema como forma de gobierno está en alza. Da buenos resultados electorales. Ejemplos a escala internacional (Trump, Milei, Netanyahu) pero también a escala nacional sobran: Mazón, Ayuso, Abascal…

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