Héctor Anabitarte

Miles y miles de personas son asesinadas (unas 60.000 , según el último telediario) desde que Israel comenzó su campaña de tierra arrasada contestando a la acción de Hamás. Buena parte de los muertos son niñas y niños. Muertos por los bombardeos, por el hambre, por la sed.
En la pantalla de todos los televisores del planeta aparecen esos niños, esas niñas, despedazados en brazos de sus padres o todavía vivos y vivas, apenas hueso y piel cubriendo el esqueleto. Esas imágenes son las que más conmueven: en este caso parecería cierto aquello de que una imagen vale más que mil palabras. Pero, verdaderamente, ¿conmueven? Sí, pero no mucho, por más que nos obliguen a apartar los ojos del televisor pues «hieren nuestra sensibilidad». Mirar para otro lado y el genocidio continúa.
Es inevitable viendo lo que los israelíes están haciendo en Gaza no pensar en lo que hicieron los nazis en el Guetto de Varsovia o lo que hicieron en los campos de exterminio. El mundo, entonces, miró también para otro lado. La excusa fue: «no lo sabíamos». Hoy dicha excusa sería imposible.
Aunque Israel vete la presencia de informadores internacionales y unos 200 periodistas hayan sido asesinados, la información circula, gracias a las nuevas tecnologías y este horror no ha podido ser silenciado totalmente. Lo que ocurre en Gaza se sabe en todo el mundo y también se sabe en Israel. La población israelí sabe lo que está pasando. ¿Todos los israelíes apoyan la política de exterminio de Netanyahu? ¿Todos los judíos del mundo están de acuerdo con borrar a Gaza del mapa? Claro que no.
Voces relevantes de la comunidad judía se han hecho oír (desde Hollywood Spielberg y Natalie Portman, por ejemplo), recientemente treinta personalidades firmaron un manifiesto reconociendo que en Gaza se está cometiendo un genocidio y también dos importantes onegés israelíes se han manifestado en el mismo sentido.
La respuesta oficial de Netanyahu y sus ministros ante las imágenes de los niños piel y hueso en brazos de sus madres no puede ser más vomitiva: aseguran que ellas se comen la comida de sus bebés. La esposa del presidente de Estados Unidos, Melania Trump, se ha mostrado impresionada por el sufrimiento infantil en Gaza y, parece, que ha influido en su marido que, después de decir que no creía que hubiera hambruna, ahora reconoce que sí la hay.



















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