
- José Angel Rodríguez
Sin dignificar aún la ubicación del busto de Santiago Rusiñol y con el cercano Fernando VI todavía mirando a Cuenca (literalmente), llega ahora la propuesta de colocar la horterada esa del nombre de la ciudad en la propia localidad, no sea que algún despistado o ignorante no sepa dónde se halla.
Colocar un ‘Aranjuez’ en el propio Aranjuez para que quede constancia del lugar elegido para el postureo -no sea que se confunda el Palacio Real arancetano con el acueducto de Segovia- es meter un lugar único en el saco de los villatempujos cualquieras que lucen orgullosos el nombre de su pueblo en la rotonda de entrada del municipio, la segunda a la derecha de la que expone el monumento al botijo de dos pitorros, invención de la afamada industria alfarera local.
Al margen el diseño, que está por ver, se habla de colocar el chirimbolo en el entorno monumental de las plazas de San Antonio y de Santiago Rusiñol. Lo que les quedaba por ver a las pobres.
Aunque ya dispuestos a perpetrar este tipo de tropelías estéticas, la zona se presta a ello, para qué vamos a engañarnos.
La efigie del pintor a ras de suelo y más solo que la una, el banderón aledaño, los infames pivotes, los semáforos más feos de España, el abandonado canapé, el secarral de la explanada/parking/ferial, la caseta de Turismo puesta del revés y sin entrada ni señalización de cara, precisamente, a donde está el visitante, el depauperado estado de conservación de pavimentos, paseos y jardineras… conforman el idílico paisaje urbano al que sólo falta ese ‘Aranjuez’ para certificar que sí, que eso del fondo de la foto es el Palacio Real y merece un like.



















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