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Odian la democracia

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Héctor Anabitarte

Héctor anabitarte

Trump, Netanyahu, Putin, Milei, Orbán, Meloni y tantos otros odian a la democracia y motivos tienen. Se trata de líderes todopoderosos aficionados a utilizar el poder de manera absoluta, caprichosa e, inclusive, frívola. La odian porque desde la democracia son cuestionados, criticados, denunciados. La paradoja está en que, desde la democracia, también son votados y legitimados para hacer lo que les plazca.

Los primeros pasos hacia eso que llamamos democracia se dieron en Atenas hace 25 siglos. «Gobierno del pueblo». El concepto pueblo, por supuesto, no fue el mismo durante toda la larga historia de la democracia y para acercarnos a algo parecido a lo que hoy consideramos como tal hubo que esperar hasta 1789 en que la Revolución francesa crea un sujeto nuevo: el ciudadano. Sin ciudadanos no hay democracia.

Y, para que la democracia funcione tal cual hoy la concebimos, Montesquieu enunció aquello de la División de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Si los tres estamentos funcionan armónicamente, sin que uno invada el territorio de los otros, la democracia funciona. Si no lo hacen, tenemos un problema, como ocurre actualmente.

Se vive una etapa en que se cuestiona resultados electorales legítimos: Trump no aceptó por ejemplo el triunfo de Biden y llamó a sus seguidores a que tomaran el Capitolio; Bolsonaro hizo lo mismo en Brasil y en España, desde el PP-Vox califican de okupa a Pedro Sánchez, legítimo presidente del Gobierno.

El poder Judicial, el sector más reaccionario, descubre que aplicando el lawfare puede cargarse a Lula en Brasil metiéndole preso (no les sirvió de nada pues ahora demostrada su inocencia es nuevamente presidente); proscribir en Argentina a Cristina Kirchner, armándole una causa sin pruebas (como bien lo indicó el juez Garzón) encerrándola en prisión domiciliaria; cargarse a la izquierda en Portugal fabricando un bulo que (aunque finalmente fue desmontado) permitió a la derecha acceder al poder; o, en España, el insólito juez Peinado armando un circo-chiringuito en Moncloa, interrogando al presidente, a un ministro y hasta al jardinero si se levanta con ganas.

En el Parlamento, mientras tanto, las formas brillan por su ausencia. El insulto se impone sin límites ni líneas rojas. El ruido no cesa. En fin, es lo que hay.

La mayoría de los humanos no vive en democracia y en muchos países se lucha por disfrutarla. La suelen valorar más los que carecen de ella que los que la viven como algo natural, como algo que ya está instalado. Pero no, la democracia hay que defenderla día a día, claro que, para eso hacen falta ciudadanos que sepan de qué va esta historia que empezó hace 2.500 años.

Si ese ciudadano/a no se entera de qué estamos hablando cuando hablamos de democracia y sólo se alimenta de Tik Tok es presa fácil de los Trump, los Bolsonaro, los Putin, los Orban, los Milei y las Meloni. De todos y todas los que odian la democracia.

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