
Desde que le desembalaron, anda el pobre Don Santiago desamparado en esa paramera de plaza que lleva su nombre. Ahí, a pleno sol sin una sombra que le cobije, ni una verja que le resguarde, sin una gota de agua que le refresque, ni un candil que le alumbre. Unas veces rodeado de kioscos portátiles; otras, cercado por motos y coches, las más de las ocasiones expuesto al vandalismo. Plantado allí al modo de quitarse un problema de encima y a otra cosa, mariposa.
Tal vez Don Santiago agradecería que le desplazaran unos metros más allá, hacia la nueva oficina de turismo y su parterre floral, dignificando su pétrea efigie antes de que ocurra lo que se nos barrunta inevitable y vengan las lamentaciones.
De momento, aliviémosle un tanto los rigores veraniegos del Sitio en su ubicación actual en tan infame plaza.

















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