Héctor Anabitarte

El científico Albert Einstein, tan conocido como valorado, dijo el terminar la Segunda Guerra Mundial que si existiera una tercera sería la última y que si milagrosamente hubiera una cuarta las armas utilizadas en ellas serían palos y piedras.
Desde la invasión de Ucrania por parte de la Rusia de Putin se habla del tema y no se descarta de que sea posible, hasta se menciona la posibilidad de un accidente o de una crisis como la de los misiles en Cuba.
El 9 de mayo de 1945 concluyó la Segunda Guerra Mundial, una catástrofe en la que intervinieron países de los cinco continentes que provocó la muerte de al menos setenta millones de personas y otros tanto, y más, de heridos y mutilados.
El mundo cambió, imperios desaparecieron, el colonialismo se derrumbó, se «inauguró» la era atómica con la desaparición de dos ciudades japonesas borradas en un instante del mapa. A diferencia de lo ocurrido en la Primera Guerra Mundial, el régimen nazi practicó de manera sistemática el exterminio: millones de judíos, gitanos, homosexuales, opositores, minorías, personas con alguna discapacidad, enfermos mentales… fueron eliminados.
Millones de alemanes fueron también víctimas de los nazis, y miles de republicanos españoles en los campos de la muerte con la complicidad del franquismo. El horror de esta guerra impulsó la creación de la Organización de las Naciones Unidas, que ha jugado, y juega un papel importante en el funcionamiento de la vida de los humanos en muchos aspectos.
Pero la ONU, para que sea efectiva, requiere cambios: casi doscientos Estados son miembros pero sólo cinco tienen derecho a veto, los vencedores de la guerra, Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido, Francia. La política de Estados Unidos de apoyo a Israel evita sistemáticamente que este país sea sancionado por el genocidio en Gaza.
Y volviendo al venerado Einstein, que huyó para evitar morir en un horno, al rumorearse que Hitler buscaba construir bombas atómicas, escribió una carta al presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt explicándole el peligro que significaba que los nazis obtuvieran armamento nuclear e instarlo a poner en marcha lo que finalmente se conoció como «El proyecto Manhattan» para ganarles de mano. La bomba la consiguió primero Estados Unidos, para desgracia de los japoneses. Desde entonces se multiplicaron las ojivas nucleares sobre la tierra como «armas disuasorias» de amenaza mutua entre países, como una apocalíptica espada de Damocles que pende sobre la cabeza de toda la humanidad. Último Momento: Pakistán e India vuelven a enfrentarse por Cachemira y estos dos países cuentan con armamento nuclear. Otro paso en la dirección equivocada.






















Deja una respuesta