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Las Madres y las Abuelas derrotaron a Videla

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Héctor Anabitarte

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Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo derrotaron a Videla, un dictador responsable del asesinato de 30.000 personas. En 1974 asumió la presidencia de Argentina Isabel Perón (desde hace años vive en España, en un adosado de Arroyomolinos, visitada solo por sus íntimas amigas de ultraderecha franquista en compañía de un chulo croata guardaespaldas que la acompaña a misa, pues la señora es muy devota). Con ella y con López Rega, «El Brujo», ministro de Bienestar Social, maestro en artes esótericas, creador de la Triple A (Alianza Argentina Anticomunista)  y amante de la viuda de Perón, comenzaron las ejecuciones sumarísimas disfrazadas de enfrentamientos armados y las desapariciones de personas que se sucedieron sin solución de continuidad con la autorización explícita de las fuerzas armadas.

Dos años después, el 24 de marzo de 1976, los militares encabezados por el general Jorge Rafael Videla, dan un golpe de Estado, destituyen a Isabel Perón (la encarcelan en un precioso hotel en el sur patagónico donde se entretiene escribiendo poemas dedicados a su difunto esposo) y asumen la política de exterminio en nombre del Estado.

Con Videla & Cía  se incrementó el terror aplicando la política de la desaparición. La represión tenía como objetivo eliminar toda oposición. Algunas madres y abuelas que iban a comisarías y cuarteles a reclamar por sus hijos e hijas desaparecidos, unidas por el mismo drama, decidieron organizarse, y así, todos los jueves, se convocaron en la histórica Plaza de Mayo de Buenos Aires, símbolo de la Independencia de la República.

No eran muchas, el terror imperaba, pocos hombres participaban junto a ellas, algunas fueron secuestradas, y desaparecieron. Dos de ellas eran monjas católicas francesas, Videla, muy católico, de misa diaria y con hijo cura, no dio ninguna respuesta a los pedidos de algunos religiosos, el actual Papa fue una de las personalidades que se interesó por la situación.

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La intensa labor de Madres y Abuelas fue fundamental para mantener viva la denuncia, jueves a jueves, y este hecho trascendió internacionalmente. Cuando en 1983 terminó la dictadura después de la guerra en  Malvinas muchos responsables fueron juzgados y condenados por estos delitos de lesa humanidad. El mismo Videla murió en la cárcel, y no en una cárcel militar. Murió en una carcel común, sentado en un inodoro y cubierto de mierda. Justicia poética.

No tuvo la suerte de Pinochet, que reventó en su cama, sin ser juzgado, a pesar de la intervención del juez Garzón. Y aún hoy los genocidas que permanecen en prisión tienen defensores: la actual vicepresidenta, Victoria Eugenia Villarruel, del Gobierno de Milei, pide que sean indultados.

Las Abuelas ya han recuperado más de 135 bebés que fueron robados por la dictadura, se trata de un asunto siniestro: familias de  militares los  adoptaban ilegalmente después de torturar y matar a sus padres. En una reunión de madres, una de ellas, Adelaida Gigli (sus dos hijos, Mini y Lorenzo Viñas, fueron asesinados por la dictadura) manifestó que sus hijos no sólo eran solidarios con los pobres, luchaban por un mundo mejor, militaban en un grupo armado, no eran «inocentes» pero el Estado tenía la obligación de respetar sus derechos humanos, entre ellos, el derecho a un juicio justo.

La dictadura militar argentina aplicó el terrorismo de Estado e instauró la tortura como práctica habitual, el confinamiento en campos de concentración y exterminio, y la desaparición como siniestra rutina. 

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