Desde que las políticas neoliberales —no solo las económicas— fueron mandadas a acantonarse en el sur de Europa con la orden de enriquecer a las élites y adueñarse, aún más, de nuestras vidas y de nuestro futuro, vivimos en estado de shock. Cada viernes la troika, tan berlanguiana como miserable, de los Montoro, de Guindos y Santamaría —con algunos cameos de los inefables Wert y el presidente plasmado— nos encoge el corazón con el anuncio de los recortes acordados cada Consejo de Ministros. Por él han pasado reformas de esa banca protagonista de la cara perra de los desahucios.
Una banca a la que se ha rescatado con un dinero público que no vamos a recuperar; reformas laborales que, a la par que desprotegen y cuasi esclavizan cada vez a más trabajador@s, se muestran incapaces de combatir las altísimas tasas de desempleo; contrarreformas educativas que discriminan a la escuela pública en favor de la privada y nos vuelven a colgar el crucifijo y el catecismo como en los tiempos oscuros del nacionalcatolicismo; reformas de las pensiones que empobrecen año tras año a l@s jubilad@s, grupo social que está siendo sostén de muchas familias durante estos tiempos críticos; reformas sanitarias que convierten al paciente en cliente, invitando al mercadeo a que se ocupe del cuidado de nuestra salud; reformas del Código Penal que criminalizan a una ciudadanía cada día más activa en la defensa de sus derechos; reformas fiscales que aprietan el cuello del 99% y miman a quienes más tienen y más deberían aportar a la caja común; y así hasta conformar una política austericida. Dice la terminal política de la troika en España, y justifican sus Marhuendas, que solo su política nos hará salir de lo que llaman “la crisis”, concepto que la ciudadanía ha renombrado por otro que lo define mejor: estafa generalizada, cuyo sujeto agente es, como Dios, Uno y Trino: quienes la diseñan, quienes la asumen sin rechistar y quienes la ejecutan en nuestra contra no están muy lejos unos de otros.
Las élites, ese 1% inasequible al desaliento de la acumulación de riqueza, pilotan la involución social, económica y política en forma de enmienda a la totalidad contra el 99% —en el que estamos tú y yo—, al que desposeen de cualquier derecho, para blindar su gozoso estatus. ¿Cuánto más permitiremos que vivan por encima de nuestras posibilidades? Si no fuese por las víctimas mortales existentes, la exclusión social y el desempoderamiento otorgado, resultaría cómico comprobar cómo estos gobiernos zombis insisten en hacernos creer que la salida a “la crisis” pasa por inyectar mayores dosis del mismo veneno. Vivimos tiempos en que la política se secuestra y se pone al servicio del pago de la deuda creada, en gran parte, por la delincuencia financiera y la corrupción política, sin materializarse en inversiones reales. Sobre el penúltimo invento parido por el gabinete de los horrores de Mariano Rajoy, la reforma de la administración local, dejo un aperitivo prestado: “esta reforma no ha sido diseñada para ahorrar, sino para restringir la democracia [y el poder] local”. Vuelve el troikismo patrio a enarbolar la bandera de “la crisis” para estafarnos un poco más. Continuará.




















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