Una zona residencial dotada de Casino, Hotel, Hospital, campo de golf e incluso centro de tecnificación de tenis. Éstos fueron los reclamos que el boom inmobiliario utilizó para la venta de viviendas en el barrio de La Montaña. Pero los vecinos que compraron sus viviendas en este “paraíso” pronto se dieron de bruces con la realidad y todo aquello quedó en un dulce sueño plasmado en una maqueta. Tras años de olvido, por parte de las administraciones y responsables de las obras de urbanización de la zona, los más de 5.000 vecinos que allí viven reclaman sus derechos y recuerdan que, ahora más que nunca, La Montaña existe.
Historia pasada
Año 2001. El Gobierno regional de Alberto Ruiz-Gallardón decidió desarrollar, en pleno auge de la construcción, el PAU de La Montaña mediante la construcción de una macro urbanización dotada de campo de golf y casino, adquiriendo los terrenos por 18 millones de euros.
Tras la cesión de suelo por parte del Ayuntamiento de Aranjuez, gobernado entonces por el popular José María Cepeda, se aprobó un aumento de la edificabilidad pasando de 1.713 viviendas iniciales a las 3.200 posibles.
La Comunidad adjudicó la urbanización del barrio a Fadesa y Comar, unidas bajo la sociedad Gran Casino Real, por un importe de 36 millones de euros, lo que le supuso una ganancia de 18 millones en la operación, mientras que el consistorio ribereño no obtuvo ni un solo euro de la misma. Sin embargo, de las 20 principales promociones en España, entre 2005 y 2007, la de Aranjuez fue la que más beneficios reportó a Fadesa.
En 2005, el anterior alcalde socialista Jesús Dionisio Ballesteros firmó con Fadesa un convenio por el que la empresa se comprometía a prestar los servicios de limpieza, recogida de basuras, alumbrado o señalización viaria, hasta que el Ayuntamiento recepcionara definitivamente el barrio. Por su parte, la Comunidad de Madrid debía garantizar que la sociedad Gran Casino Real construyera las rotondas de acceso Norte y Sur, y la Estación Depuradora de Aguas Residuales. Tras el concurso de acreedores presentado por Martinsa-Fadesa, se dejaron de prestar los servicios previstos en el convenio y fue el Ayuntamiento quien se tuvo que hace cargo de ellos; además, vecinos y oposición acusaron al entonces gobierno socialista de ingresar los 12 millones de euros de avales en la “Caja Única” del Ayuntamiento y no utilizarlos para mejorar el barrio. La Comunidad de Madrid, a día de hoy, no ha ejecutado los avales y las empresas que tantos beneficios obtuvieron con la urbanización no cumplieron su parte del trato, dejando un barrio sin accesos adecuados y con una urbanización problemática.
Juan Carlos Pérez, presidente de la Asociación de Vecinos de La Montaña recuerda los problemas a los que se han tenido que enfrentar los vecinos por la mala planificación y ejecución de las obras. Lleva siete años viviendo en esta zona de Aranjuez, que cuenta con 5.288 vecinos según el último padrón municipal. “Cuando me vine a vivir aquí no pensé que íbamos a sufrir el abandono que estamos viviendo. Ves que pagas más impuestos y que no tienes derechos a ningún servicio”, comenta.
Hasta hace algunos años, La Montaña no tenía servicio de limpieza viaria ni recogida de basuras, a lo que había que sumar unas calles despobladas. En definitiva, un autentico erial. “Esperaba que se llenara de vecinos más rápido, pero no fue así. El cierre del Centro Comercial fue clave para que la zona no despegara”, añade.
A pesar de todos los contratiempos, el presidente vecinal cree que el barrio ha ido mejorando y que se han logrado muchas cosas en los últimos meses. El desdoblamiento de la línea de autobuses L-4 —una demanda histórica de vecinos y trabajadores del hospital—, la Azuda de la Montaña, el mantenimiento de zonas ajardinadas, la II Fase del colegio Maestro Rodrigo prácticamente acabada, una nueva salida del barrio en dirección a Madrid son algunos de los requerimientos vecinales a los que se les ha ido poniendo solución, pero “nos quedan muchas cosas por mejorar”, insiste. “Ya llueve menos”, recalca satisfecho del trabajo realizado, “pero no podemos conformarnos”.
Un barrio traquilo
El barrio de La Montaña es una zona tranquila, cerca de la naturaleza y sin problemas de aparcamiento. Un populoso barrio de Aranjuez, alejado del casco urbano, que se va llenando de vida.
Nos acercamos al local que los vecinos tienen en la calle Torraco para reunirse. Allí nos encontramos con Lola Marín y Milagros Granados, ambas vecinas de La Montaña y participantes del grupo formado por vecinos “Arte de Convivir” que fomentan actividades con el objetivo de que los vecinos se conozcan y se interrelacionen. La última de las actividades es un curso de maquillaje. Lola vivía en Madrid y se trasladó a la Montaña. Cree que es una especie de “ciudad dormitorio” en la que poca gente hace vida. “Cuando llegué me esperaba otra cosa. Un centro comercial, más vida, más comunicación”, asegura. “Echo de menos la vida de barrio, después de vivir 26 años en Madrid, pero a todo te acostumbras”.
Milagros lleva mal la poca relación que existe entre los vecinos, pero reconoce que La Montaña ofrece calidad de vida. Además, cree que se han mejorado algunas cosas y que los vecinos, poco a poco, participan en las actividades organizadas por la asociación vecinal. Su próxima idea es hacer un taller de maquillaje para Halloween. Y es que, desde la asociación, se están volcando con las fiestas vecinales en las que realizan chocolatadas y juegos para los pequeños. El próximo sábado también podremos ver en el Día de la Bicicleta una marea amarilla de vecinos de La Montaña. “Intentamos hacer barrio”, recalca Juan Carlos.
Josefina es otra de las vecinas muy involucrada con las cosas que suceden en su barrio. Lleva cinco años viviendo aquí y destaca “la tranquilidad y cercanía de la gente”. También llegó desde Madrid y recuerda que, cuando se instaló en La Montaña, se encontró un barrio desarreglado, sin servicios y ni siquiera autobuses urbanos. “Desde entonces se han conseguido muchas cosas, pero echamos en falta zonas deportivas y culturales, locales comerciales y un centro de salud”, afirma. “Nos ha pillado la crisis que todo lo ha paralizado. De no ser así, el impulso de la zona hubiera sido diferente”. En cualquier caso, La Montaña es ya un barrio más y, caminando por sus calles, encontramos lo que en cualquier otro barrio: vecinos saliendo a correr, paseando al perro o charlando sentados en un banco. El desarrollo que va experimentando se ve reflejado en el número de establecimientos que se están abriendo.
Débora Vacas es, junto a su pareja, propietaria de “La tienda del barrio”. Montaron esta pequeña tienda de ultramarinos el pasado mes de enero y también son vecinos del barrio. “Creo que La Montaña aún tiene que despuntar. Está costando levantar el negocio porque falta gente”, nos cuenta. Los dos son de Aranjuez y se trasladaron a esta nueva zona para estar al lado del campo. “Estamos contentos aquí, pero hace falta un poco más de vida”, reconoce Débora.
Pepi Zakonova lleva tres años gestionando su propio comercio en el número 12 de la calle Cáceres y también reside en el barrio de La Montaña. Está contenta con el negocio y considera que ya hay bastante gente. Decidió quedarse con el local después de que sus anteriores propietarios cerraran el negocio. Ella y su pareja se arriesgaron y ahora “nos funciona, la gente nos conoce y nos llevamos bien”, afirma. Como vecina, no considera que al barrio le falten grandes cosas, aunque pide más parques para los niños o que se cuiden mejor los que hay.
Nos acercamos a uno de los bares con los que cuenta la zona: La Cafetería el Fogón, que se encuentra en la zona comercial y de empresas de la Plaza de la UNESCO. Está regentada por Silverio del Barrio, que se embarcó en este negocio el pasado mes de diciembre. Es el segundo que tiene en la zona. Silverio señala que la cosa va despacio y que “le falta movimiento de gente. Le falta el centro comercial”, sentencia. A pesar de todo, asegura sentirse contento allí, donde trabaja y hace su vida, y pocas veces baja al centro de Aranjuez. “Esto va cogiendo vida poco a poco, pero hace falta más negocios y movimiento de gente”, concluye.
El barrio de La Montaña despierta de su letargo y renace gracias al esfuerzo vecinal. Un barrio que va adquiriendo el peso que se merece, pese al abandono al que se ve sometido. Parcelas vacías y casas abandonadas dibujan el paisaje del olvido al que los vecinos están dispuestos a ponerle fin.





















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