“Va a subir la marea y se lo va a llevar todo”. De esta guisa comienza uno de los temas más afamados de la banda de rock Extremoduro. Esta sería la síntesis de lo que podría ocurrir si se llevaran a cabo las medidas que proponen por las calles las distintas “mareas”. Ya que en resumen, no solo pretenden dejar todo como está, sino despilfarrar más dinero en algunos servicios. Como si España no fuera a tener el año que viene un 100% de deuda pública. Lo cual, además de no ocurrir hace más de un siglo, es pavoroso. Todas estas mareas surgen con el gobierno del Partido Popular. Debe ser que antes, en la etapa socialista, con el paro disparado, el gasto público descontrolado y al borde de la intervención económica, debe ser, me imagino, que el mar por aquel entonces estaría tranquilo. Sin mareas. Porque claro, no quiero pensar que se trata de asuntos partidistas. No quiero pensar que los desahucios de antaño, que se daban también aquí, en Aranjuez, no importaban a nuestros marinos de hoy.
Resulta que en la actualidad, y lo hemos comprobado ya en varias escenas de la vida pública, existe una especie de permisividad para perseguir y señalar a todos aquellos que apoyados en la legitimidad de las urnas, toman una serie de medidas que van en contra de lo que ellos piensan. Que no se comparte el modelo de educación uniforme, estatalista y pública. Buscamos color, camiseta y a la calle. Cuando se pretende mantener la sanidad universal, pública y gratuita, queriendo mejorar su gestión para hacer posibles los pagos, entonces y solo entonces, se elige otro color y a marchar por las calles. Por supuesto que esta discrepancia me parece fantástica y puede llegar a ser constructiva si se lleva por los cauces necesarios. Lo que no puede suceder es que la alcaldesa de todos, respaldada por una mayoría histórica en la ciudad, tenga que aguantar la algarada, el escándalo, el ruido y la algarabía. Cómo se puede dialogar con un silbato en la boca. Cómo se puede estrechar una mano para cerrar un acuerdo si lo que viste esas manos son cacerolas. Es imposible. En estos momentos difíciles, todos tenemos la necesidad de escucharnos con sosiego.
Decía Gabriel, en uno de los “Episodios Nacionales”, de Galdós, que “jamás había visto tanto horror como cuando la justicia fue tomada por la mano del pueblo”. Mirando alrededor y viendo actuaciones como la del pasado “día del trapo” en Cataluña, consistente en hacer una barrera a base de esteladas, para aislar a la mayoría de catalanes que se sienten españoles, sumado a toda la parafernalia totalitaria pagada con dinero público (mío, y tuyo), quizás convenga saber que en esos lares no anda la solución. El ruido y el lema no son buenos compañeros. Sí lo son el detenimiento y la contención. Hace unos años, el antiguo alcalde del PSOE decidió crear su propio Pravda, ¿recuerdan? Era una revista municipal que nos salía por un ojo de la cara y que consistía en hacer partido, socialista, claro. Pues bien, ya no está. Es un ejemplo de contención y decencia. Tampoco continúa en mentes mesiánicas El Renacer de las Aves. Parecía un proyecto extraído de alguna película de Berlanga, olvidada en los cajones y que de repente cayó en manos de algún iluminado que se dijo a sí mismo “a ver dónde desperdicio el dinero de los demás”.
Contamos a día de hoy, como ejemplo de mesura, y entre otros muchos, con una SLSV más saneada y transparente (dicho sea de paso, que si por mí fuera y tras estudiar cómo reincorporan a sus trabajadores, la cerraría. Como haría con el 95% de las empresas públicas y ayuntamientos). Se deben estos y otros avances a la voluntad de cambio, entre otros, de concejales como Antonio Castellanos. Persona que ha trabajado por su cuenta toda la vida, que está en política de paso, con voluntad de servicio y que conoce lo que es ser autónomo. Eso ayuda. Más aún si los que te rodean solo conocen el coche oficial, el despacho, la dieta y los viajes pagados.
No estaría mal que el ministro Montoro, apodado ya por algunos como “Drácula” por su afán de sangrarnos los bolsillos con impuestos, mirase al sur de Madrid y viera que, en su casa, hay quien le demuestra que hay vida más allá de Keynes y de la socialdemocracia.




















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