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El spoiler nuestro de cada día

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[ Pako Segura ] Se ha desatado la locura en las redes después del estreno del último capítulo de una de las series de televisión más comentadas de los últimos tiempos. Plataformas de video haciendo estrenos a horas intempestivas de la madrugada, donde frente al televisor solo habitan devoradores de primicias, monstruos con dispositivos móviles en la mano dispuestos a retransmitir cada movimiento, diálogo, mirada o gazapo con todo lujo de detalles. Servir la novedad recién hecha. Fabricar un spoiler. Un spoiler es la imagen o el texto que anticipa una trama, un desenlace. El trallazo durante el scroll de una pantalla, la conversación a evitar en la máquina de café del trabajo o el secreto a guardar bajo siete llaves a fin de conservar una amistad. Cualquier leve gesto o palabra mal pronunciada puede dar al traste con las ilusiones de alguien. Hasta este nivel de sospecha hemos llegado. Los fabricantes de spoilers no disfrutan con el espectáculo propiamente dicho sino que comentan todo como si fuese la retransmisión de un partido de fútbol. La era digital ha traído consigo que se valore más describir una experiencia a los demás que sentirla por uno mismo. Dejar constancia en la red para que todos sepan que estuvimos en un sitio, vimos algo, comimos algo, con alguien. Y lo más importante, antes que alguien. Dibujar la vida a base de frases intensas de manual de autoayuda y fotos retocadas con filtros de colores. Sentimientos prefabricados puestos en la pole position de la sección de comentarios. Todo ha de ser convenientemente etiquetado y categorizado con palabras sin espacios detrás del símbolo numeral. Quizá lo llamemos almohadilla porque ya es como de la familia. Ordena vidas en muros de redes sociales desde el desayuno hasta la cena. Todo pasa por ahí, por nuestra almohadilla. No es de extrañar que sea el mismo símbolo que indica un mate en el ajedrez porque quizá algún día lo será de verdad. Pondremos una almohadilla y no encontraremos que poner detrás porque ya habrá sido puesto antes. A lo mejor más intrascendente y adornado, pero sobre todo prevalecerá que fue antes. Y es en ese momento cuando toda esta frívola y hedonista biblioteca de Alejandría digital, en la que no hay ni un solo atisbo de sabiduría, arderá por los cuatro costados sin avisar. Consumida por el pánico de la gente a dejar de ser el centro de atención. Será tan sumamente rápido que no habrá spoiler que valga. Y lo que es peor, queridos camaradas del postureo, es que cuando ocurra lo hará sin dejar ni un solo rastro de toda esta estupidez.


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