En el ejemplar que tiene entre sus manos habrá comprobado que el río Tajo ha generado varias informaciones. Una de ellas, incluso, ilustra la primera página de este semanario, la de los pescadores del Centro Cultural de Pesca ejerciendo en tareas de limpieza. Nuestro compromiso con el Tajo no admite dudas. No es por capricho, es porque creemos que el río genera vida, espacio, medio ambiente y salud. También riqueza, cultura, parajes que visitar y disfrutar y, por supuesto, genera agitación, la de una ciudad que mira a los ojos de las instituciones que no aportan el interés que debería despertar el río, el Tajo, un río que no sienten como suyo pero que al que los ribereños legarán su espíritu de lucha, de supervivencia, el que le otorgó Sampedro en su obra. Es muy triste -y muy de agradecer- ver cómo los pescadores arremangan sus camisas, se calzan sus botas de agua y se disponen a afanar en los márgenes del río para su limpieza, para su cuidado, con mimo, con delicadeza, con disposición. Todo aquello que se les pide a las instituciones competentes y que nunca están dispuestas a ofrecer. Debería avergonzar a las administraciones públicas que los vecinos de Aranjuez pongan en riesgo su integridad física para tratar de abordar un problema del que son incapaces de responsabilizarse, un problema que genera la muerte del medio ambiente en una ciudad que debe acostumbrarse a vivir de su Patrimonio Histórico. La Comunidad de Madrid hace muchas promesas cuando hay cámaras, micrófonos o libretas delante pero luego se olvida de reivindicar ante sus mayores que el Tajo se nos muere, que han de acabar con los trasvases, que han de ocuparse de su existencia. Pero estas vergüenzas las guardan en sus bolsillos para mezclarlas con otras vergüenzas, con la incompetencia de ignorar que la vida muere entre espumas blancas, las mismas que esta semana han aparecido en las cercanías de la Junta de los ríos, espumas procedente de vertidos de algún desagüe ubicado en una zona muy concreta y del que, al parecer, nadie quiere saber nada; porque lo fácil es mirar para otro lado, un lado donde tampoco esté el Club Escuela Piragüismo Aranjuez, no sea que también vaya a reivindicar algo. El club ribereño, de reconocido prestigio entre el mundo de la piragua, también evidencia las carencias del Tajo, tan necesario para ellos como para la subsistencia de este deporte en el que el CEPA es uno de los clubes más importantes de España, si no el que más. Un club al que también se ha dado la espalda históricamente, que ha tenido que bregar con las dificultades propias de quien no puede generar recursos, que ha tenido que viajar a múltiples campeonatos en los que ha representado al piragüismo español sin recibir nada a cambio, ni siquiera los recursos económicos que puedan posibilitar esos viajes. Todo por amor al deporte, a su tierra, a su río. Y sin embargo hay veces que con lo único que se encuentra es con alguna denuncia por tratar de arreglar un embarcadero, con sus propios medios económicos, que les permita generar estos recursos.




















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