[ ATENEO DE IZQUIERDAS ]
No estaba en Aranjuez y sí lo estaba. Porque aquí dejó huellas imperecederas en las conciencias y en los recuerdos de quienes tuvimos la suerte de compartir momentos y compromisos con ella. No estaba en Aranjuez y aquí acudieron sus palabras, sus versos, en su postrer trabajo, una antología poética de autores locales, ‘El Séquito de Talía’ (Editorial Yugrama, 2016), desde cuyas páginas casi se despidió de nosotros con sus poemas y el autobiográfico párrafo que los presentaba: “Nacida en una primavera madrileña de posguerra, hija de una familia muy protectora y conservadora, y educada en colegios de monjas, más conservadores aún, y en una Universidad Complutense que se rebelaba, me escapé a Nueva York cuando alcancé la mayoría de edad política. Por amor y por oxigenación vital. A mi regreso, mi vida ha sido la de una militante y activista en el PCE, CC.OO. y movimientos anti apartheid, casi siempre en la clandestinidad. Gracias a mis amigos que, ante las amenazas y persecución de la extrema derecha, me acogieron, junto a mi hijo pequeño, muchas noches en su casa. Madre y abuela orgullosa en la actualidad, me declaro atea y enamorada de la vida. A mi padre debo el amor por las Letras. Y como “mis arreos son las armas /mi descanso el pelear”, ahora lucho contra una enfermedad muy agresiva. A ver quién gana…”. Y ganó Pilar, porque la muerte no ha podido desdibujar la estela que ha dejado, nadando majestuosamente en las turbulentas aguas de la narrativa y del periodismo, sacando tiempos y espacios para la poesía, que nos regaló en sus libros ‘Atisbo de tu luz’ y ‘El jardín de los mirlos’, cuidadosamente editados por Torremozas en 2006 y 2010. Porque fue poeta y periodista, casi como Lorca, en Nueva York; y en Madrid, y en su Aranjuez querido, cubriendo desde las ondas el compromiso con la cultura o la actualidad de esta ciudad con la que compartió una década, sin olvidar su activismo sindical y político, desde su militancia y su incorporación al Ateneo de Izquierdas de Aranjuez, en cuyo seno desempeñó el cargo de Secretaria durante diez años. Su aparente fragilidad dejaba paso en segundos a la rotundidad de sus convicciones, que nos hacía involucrarnos de buena gana en cualquiera de sus proyectos, porque su forma de vencer era solo convencer, con la voz y la palabra, para pasar a la acción comedida pero contundente. Desde su asociación ‘Aranjuez Laica’ gritó sin levantar la voz, desde el respeto, por una ciudad no doblegada al constreñimiento que la religión impone, cuando la creencia se refugia en el fanatismo. Pilar nos enseñó la importancia de la militancia no estridente, la que se lleva en la sangre y en las entrañas, la que se pregona desde balcones adornados con claveles rojos y desde las páginas de un libro de poemas, la que engancha sin cadenas y abre horizontes y te lleva al mar de las ideas, tripulando un barquito hecho con artículos de periódico y versos libres… Duerme ahora plácidamente, querida amiga marinera, y haz de nuevo tuyas tus palabras: “A la orillita del mar / llévame con tu velero /que tengo que despertar / a tu lado, compañero”.




















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