Publicado: vie, Nov 15th, 2019

Jugando al escondite en el bosque electoral

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ALFONSO SEGOVIA

Cuando se publiquen estas líneas con palabras, reflexiones, lamentos y otras zarandajas, ya habrá acabado el indeseable proceso electoral del 10 de Noviembre y dispondremos (o no) de unos resultados que equivalgan a conclusiones útiles para la tarea de gobierno.
El pueblo, ese pueblo del que todos los políticos (sin excepción) nos reiteran, con gran pomposidad y de manera genérica, que no se equivoca, mientras le tratan como si fuera del género tonto (reclamando, con argumentos y spots tramposos, que vuelva a ejercer su responsabilidad, para intentar encubrir su propia incompetencia); ese pueblo, repito, habrá tenido que aceptar, como un mal menor, el engaño de nuevos comicios y la mala digestión de unas campañas electorales que pagamos a los partidos políticos de turno y a unos medios televisivos cómplices, que hacen engordar como pavos los egos políticos, mientras engordan, simultáneamente, sus cuotas de pantalla e ingresos por publicidad (contradictoria, en muchos casos, con el propio mensaje político patrocinado).
Medios televisivos repletos de contertulios y de políticos, apadrinados o pagados por unos y por otros, pero, sobre todo, pagados de sí mismos, y ante los que se siente vergüenza ajena por su carencia de imparcialidad e, incluso, su ignorancia sobre lo que están opinando, pero que se encuentran muy cómodos y arropados por un sistema que ha convertido la política en un ruidoso espectáculo y a los ciudadanos en un público al que entretener con disquisiciones y debates infructuosos.
Agazapados tras ese ruidoso altavoz, los políticos juegan al escondite unos con otros y todos ellos con nosotros, exhibiendo un diálogo entre sordos, prometiendo el oro sin el moro, abusando del poder sin pudor y atemorizando sin temor a posibles consecuencias, como en aquella antigua canción infantil: “Jugando al escondite, en el bosque anocheció. El cuco cantando el miedo nos quitó. Cucú, cucú, Lobo… ¿estás? ¡Estoy poniéndome los pantalones! Si recuerdan, la canción sigue repitiéndose, mientras el Lobo se pone calcetines, camisa, zapatos, sombrero, etc… hasta que, finalmente, corre tras ellos para comérselos.
El problema es que, en este bosque electoral en el que juegan los políticos españoles, el Lobo no va a diferenciar entre ellos y nosotros. Tampoco hay un leñador, ni mucha leña que cortar, así que, cuando anochezca, el cuco televisivo nos va a servir de muy poco. Cualquiera que haya sido el resultado electoral, me gustaría pensar que se cumple lo que dijo Abba Evan, un exministro israelita de Cultura y de Relaciones Exteriores: “La Historia nos enseña que los hombres y las naciones se comportan juiciosamente, una vez que han agotado las demás alternativas”. ¿Se percatarán, de una vez por todas, de que están agotados los juego malabares? Esto no va de viejas o nuevas políticas, de bipartidismo o multilateralidad, de nacionalismo o constitucionalismo, sino de sentido común y respeto hacia el ciudadano y contribuyente, que ha cumplido sobradamente -y con mucha paciencia- con su obligación electoral. Ya es indiferente que los políticos sean emergentes, resilientes o subyacentes.
La cuestión es que no empiecen, no sigan o no vuelvan a intentar de nuevo “joder la marrana”. Tampoco es mucho pedir.

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