Publicado: vie, Sep 20th, 2019

Septiembre en el Cap de Creus [ CUENTOS DE VERANO DE FARRAMUNTANA ]

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El viento de la locura no tiene abrigo, y el corazón pobre no tiene amigo (dicho popular). Siempre va conmigo, acurrucado en los pliegues de ese rincón que dibuja una frontera entre el corazón y el alma. Es mi impulso y quien me contagia las indispensables ganas de vivir. Es mi yo de niño, el que se sentaba en el balcón y sacaba las piernas entre los barrotes, mientras miraba con ojos ávidos lo que pasaba en la calle. Pero a veces, incluso a Farraguas le falta la energía. Entonces le llevo a una de mis madrigueras preferidas, el lugar en que amanece antes que en ningún otro sitio de la península, el reino del azul más hermoso y el viento más salvaje. Allí, en esa tierra telúrica, hogar de volcanes minerales y humanos, nos recargamos los dos poniéndonos con los brazos abiertos de cara a la Tramuntana. Tras vencer en esa lucha amorosa, se produce la fusión del niño con el viento y renace, con ilusiones nuevas, Farramuntana. º º º Pasan los años, como gotas que resbalan por el tronco de una estalactita. Se deslizan, serpentean, se refugian de vez en cuando en una oquedad, y llegan inevitablemente al final de cada una de sus vidas. Allí tiemblan en el vértice de la piedra, dudan un instante…y se desploman. Por el camino han perdido parte de lo que eran. Se les ha evaporado la esencia y han dejado en la superficie de la roca residuos de anhelos, sales de ilusiones. Así la columna crece y crece a lo largo del tiempo. Y de esa forma nos vamos convirtiendo, por propia voluntad, en esclavos de nuestros sueños. No recordamos que somos capaces de crear nuevos deseos. No caemos en la cuenta de que en el soñar, como en el amar, como en el viajar, lo importante y lo que da vida, es el antes. No conocemos la solución a la incógnita de la ecuación más esencial: satisfacer nuestras fantasías no importa, lo único verdaderamente irremediable sería dejar de soñar. º º º La gaviota ve el sol poniente por el rabillo del ojo izquierdo. Lo cierra un poco más para que el destello, intenso a pesar de estar en sus últimos momentos, no la ciegue. Mientras tanto sigue flotando, dejándose agitar por la tramuntana como si fuera una bandera blanca. Es una rendición engañosa, porque en realidad es ella la que triunfa. Solo tiene que esforzarse en mantener el equilibrio. A veces llegan, inesperados, soplidos aún más furiosos del dios de la costa brava, al que indigna que un ser tan pequeño y tan frágil desafíe su fuerza. Y si no fuera por su pericia, las ráfagas se la llevarían volando como un indefenso papel. Pero sabe como adaptar la postura de las alas en cada instante. De esa forma se queda casi parada y logra un equilibrio perfecto en las condiciones más hostiles. Y puede seguir mirando de reojo ese sol que brilla cada vez menos. Se esfuerza en mantenerse por encima de la línea, que traza el reflejo del lejano fuego en su pupila. Sabe que ese es el secreto para vencer al viento. º º º Aquí estás aún, Bóreas, padre de los caballos más veloces. Dicen que si soplas más de un día es que te vas a quedar una semana. Así sea. Dejas tu hogar, el de la felicidad, para venir a barrer en el sur, y por eso, a veces, te enfadas tanto. Pero eres indispensable en esta tierra nuestra, porque purificas el aire, el suelo y a las gentes. Sin ti, se nos acumularían las tristezas y los odios, pero tú te metes en las casas y dentro de las cabezas, y te llevas todas nuestras amarguras. Nadie sabe donde. Hay quien se obstina en cerrarte las puertas. ¡Pobres ignorantes! No hay barreras que puedan contenerte. Nadie puede decidir no escucharte. Yo te abro mis ventanas de par en par y te bendigo. º º º Estoy en el Cap de Creus. Es uno de mis refugios favoritos. Me alojo esta vez en el antiguo edificio de los carabineros. Historias de contrabandistas flotan en el ambiente. Justo enfrente está el faro que se construyó en época de la reina niña. Más allá estuvo el que alumbraba el fin del mundo, construido solo para rodar una película, basada en un guion noble de Verne, con presencia del hoyuelo y la calva más famosos de Hollywood. Aquí están también, omnipresentes, Dalí, la tramontana que me guía, los baños en las calas, desnudas las rocas y yo. Y el pescado fresco a todas horas, dieta bendita. Y yo escribo mientras las olas se estrellan contra los muros volcánicos. Las estrellas lo miran todo indiferentes. Esa lucha les parece ínfima. Al fin y al cabo, dentro de un rato, en la escala de su tiempo, morirán en un estallido de supernova. O quizá ya han muerto y las olas se ríen porque lo saben.

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