Publicado: vie, Sep 6th, 2019

Ya falta menos para las próximas vacaciones

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[ Héctor Anabitarte ] Ya falta menos para las próximas vacaciones. Esto de tomar vacaciones, hasta no hace demasiadas décadas, sólo era accesible para personas con altos recursos económicos, que solían tener una segunda -o tercera- residencia. Dichos privilegiados vacacionaban acompañados por su personal doméstico y su descanso podía ser total y prolongado. Desde hace algunas décadas, a partir del fin de la segunda guerra mundial y no en todos los países, claro, el turismo es una actividad de masas. A la vuelta de las vacaciones, en el trabajo o en el barrio, habrá que dar explicaciones de cómo y dónde han transcurridos nuestras vacaciones. Se traen innumerables pruebas de las mismas: los vídeos, las fotografías -ciento de ellas-, muchas de las cuales ya fueron enviadas por el teléfono móvil, en ‘tiempo real’, desde las playas, montes, exóticos destinos, ciudades y villas … En esto de ‘vacacionar’ -nuevísimo verbo a conjugar- muchos hábitos han cambiado: si se puede muchos/as prefieren hacer varios viajes en distintos meses del año. Es común, a la vuelta, decir «me relajé», «me olvidé de todo», pero el cerebro humano no funciona así. La vuelta muchas veces viene acompañada por una cierta depresión aunque, también, en otros casos, volver a casa y a la rutina suele vivirse como una liberación. La familia también puede abrumar conviviendo de la mañana a la noche sin solución de continuidad, algo que no sucede el resto del año dado el estilo de vida actual: la pareja trabaja, y muchas horas, las niñas y niños pasan mucho tiempo estudiando, aprendiendo inglés, practicando deportes… Esto es así en las clases medias. Además no hay que olvidar a los mayores, a las personas enfermas: en la decisión de qué vacaciones se prefieren no sólo el factor económico interviene. También a veces se viaja con culpa. Y hablando de los mayores: la ministra de Asuntos Sociales del gobierno de Felipe González,, la socialista Matilde Fernández, tuvo la iniciativa de crear los viajes del Imserso por un precio bastante accesible. Todos los años unos 900.000 mayores utilizan esta oportunidad. Las estadísticas aseguran que mejoran su salud, su humor, y se permiten actividades lejos del control familiar. Este año el programa se ha retrasado pero no se suspenderá. Del mismo se han beneficiado millones de personas que nunca habían tenido vacaciones, víctimas de la interminable post-guerra civil. Las vacaciones no son universales. Se estima que una de cada tres personas que viven en España no las hacen. Las vacaciones deberían ser un derecho. Gracias al desarrollo de los transportes millones de personas conocen lugares que en muchos casos ni siquiera sabían que existían. Viajar nos hace más cultos, más abiertos a lo desconocido, menos «paletos», menos prejuiciosos. (El Erasmus organizado por la Unión Europea, no se trata de vacaciones, cierto, pero en este sentido se le parece bastante y ha permitido que millones de jóvenes además de estudiar se enteraran de primera mano en qué mundo les tocó vivir. El Erasmus es una vacuna, eficaz como todas las vacunas -aunque lo nieguen los mismos que aseguran que la tierra es plana y fue ‘creada’ en siete días-, para que los europeos no veamos a los vecinos como enemigos, con desconfianza. Antiguamente las casas reales organizaban casamientos para establecer o consolidar alianzas. El Erasmus lo hace mucho mejor y estos sí que son enlaces voluntarios, no como aquellos otros donde la pareja se conocía en el momento de casarse).

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