Publicado: jue, Jul 25th, 2019

Cerrado por derribo

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Se acerca el mes de agosto y, como viene siendo habitual desde los ancestros, la cultura en Aranjuez echa el cierre por vacaciones. Sin eventos que llevarse a la boca no quedarán más que los restos de unas Lunas que hoy ponen su punto y final a la campaña socio-cultural-veraniega, unas Lunas que, por otra parte, nunca han sido del gusto de la actual alcaldesa. Al menos quedaron programadas, junto al cine de verano, -que finaliza también este fin de semana-, para que desde la gestión municipal se haya ofrecido alguna actividad que los vecinos pudiesen llevarse a la boca durante el mes de julio. Es costumbre en este país ningunear el ámbito cultural y aún no se ha digerido, ni en las administraciones, ni en la opinión pública, que la cultura cobra vital importancia en el desarrollo de cualquier civilización. Cualquier manifestación artística, espiritual o ideológica puede definirse como ‘Cultura’ pero, en el caso que nos ocupa, la cultura la atisbamos como un elemento de atracción y de entretenimiento para la sociedad, que debería equilibrar la educación y, sobre todo, el turismo. Si Aranjuez cierra sus puertas durante el mes de agosto, si no se ofrece más que lo que pueda venir desde la iniciativa privada, si no se consigue habilitar un espacio que pueda cohesionar la oferta con la demanda para el visitante, el Real Sitio no alcanzará nunca la relevancia que, por historia y situación geográfica, le debería corresponder. Es cierto que el nuevo gobierno municipal no ha alcanzado aún los famosos cien días de cortesía, días que, no obstante, el ciudadano ni entiende ni tiene que entender y si bien el verano en Aranjuez, por las altas temperaturas, no es propicio para organizar actividades en ciertas horas, también es evidente que cuando un partido se presenta a unas elecciones lo hace con una base programática que debería considerar su puesta en práctica desde el primer día, más allá del uso de las redes sociales personales para mostrar la asistencia a actos que ya estaban programados. Lo que el ciudadano exige, sin tiempo de cortesía, es que se demuestre que a un Ayuntamiento se llega con la ambición de cambiar las cosas y no para promocionarse visualmente. Aranjuez necesita actividad en verano y eso es algo que se echa de menos desde hace muchos años. Esta ciudad necesita sentirse viva y mostrarle al mundo turístico que merece la pena ser elegida como destino por aquellos que no muestran especial predilección por las ciudades marítimas. El turismo, es evidente, tiene que estar ceñido a una oferta cultural que, de nuevo, destaca por su ausencia, y no estamos hablando de que se cree, en poco más de un mes, un gran evento que maximice la promoción de la ciudad, se trata de gestionar ciertas actividades que puedan ofrecerse tanto al visitante como al ribereño que, por unas razones u otras, no puede permitirse abandonar la ciudad para disfrutar de unos días de descanso. Y esta situación podría desempolvarse si se buscase un consenso o se tuviese en cuenta la opinión de los colectivos de hosteleros, hoteleros y comerciantes que, en este sentido, siempre tendrán algo que decir. De momento, la cultura en Aranjuez vuelve a estar cerrada por derribo.

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