Publicado: vie, Jul 19th, 2019

Mareando la perdiz

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ALFONSO SEGOVIA

Para rechazar mis opiniones sobre la Bodega del Real Cortijo de San Isidro, el ex-alcalde Pedro Torres sugiere un resquemor político, por mi parte, intentando desviar el asunto hacia algo que nada tiene que ver con el fondo de la cuestión, a la vez que me adjudica un nuevo oficio (autor teatral), para así deslizar un hipotético interés personal (¿ilícito?), en el uso de ese espacio, obviando que el Acto Cultural (puntual) sobre Godoy, al que se refiere, lo presentó él mismo y formaba parte del Programa de Fiestas del Cortijo del año 2017. Un Acto Cultural, en condiciones precarias, que sirvió meses después como argumento y justificación, ante la Comunidad de Madrid, para solicitar la Rehabilitación del Interior del Antiguo Lagar. Así se consiguió avanzar en la rehabilitación y asentar la posibilidad de obtener una nueva inversión, siempre que el local comenzara a utilizarse. De eso prefiere no hablar y pretende relacionar la fecha del Acto sobre Godoy con unas gestiones para la licencia de apertura del local, realizadas un año después. Mentirijillas de poca monta y maniobras de confusión. En mi escrito de dimisión de la Junta Vecinal ya se lo dejé bien claro y lo transcribo ahora, para general conocimiento de los vecinos: En el caso de la recuperación y rehabilitación de un sector del antiguo Lagar, ocupado hasta el 2012 por la cooperativa lechera CARLA, vuelve a manifestarse la disparidad de criterios y, algo más preocupante, el incumplimiento del compromiso adquirido con la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, cuando se le solicitó la inversión necesaria para poner el edificio en uso. El compromiso consistía en utilizar el edificio para actividades socioculturales, aunque no reuniera las condiciones de confort y estética óptimas, ya que estas podrían obtenerse en sucesivas intervenciones. […]Sin embargo, la decisión política es que no existe ninguna urgencia para utilizar el edificio, por lo que el uso se condiciona a su rehabilitación total y se pretende solicitar una tercera intervención, a la misma institución con la que se está incumpliendo el compromiso adquirido. No comparto esa decisión, ni la considero correcta. Si el ex-alcalde quiere aclarar algo, puede empezar por decir que, en 1987, durante su mandato, arrendó esta misma parte del Lagar a una empresa del sector lácteo, que hizo serios destrozos en el valor patrimonial de ese edificio, sin que le importara demasiado. También puede revelar quién le dijo que asumía una gran responsabilidad, al “permitir” ese Acto puntual – programado por la Junta Vecinal que presidía – y con qué autoridad y criterio hacía esa afirmación. Puede explicarnos las responsabilidades que conllevan las cabalgatas navideñas, realizadas sin un plan de seguridad, año tras año. Puede contarnos quién controla la seguridad y salud en los actos públicos y las instalaciones recreativas durante las Fiestas Patronales. Puede continuar explicando quién maneja y custodia los documentos públicos del Ayuntamiento, sin tener la competencia oficial para hacerlo. Incluso, puede mostrar la evolución periódica de los saldos bancarios del Ayuntamiento, durante estos últimos cuatro años, que dejarían en entredicho las penurias económicas esgrimidas para no acometer algunas tareas. La transparencia es una forma de ejercer la responsabilidad y podría haber exigido celebrar los Plenos Monográficos Anuales sobre el Real Cortijo, para que los vecinos tuvieran una información directa de su municipio. Como vecino y ex-vocal de la Junta Vecinal tengo motivos suficientes para opinar sobre temas de ámbito municipal. Al dejar la vocalía, ya expliqué al Alcalde mis razones para dimitir (las citadas ahora, más algunas otras) y cómo abordar las cuestiones pendientes, entre ellas la apertura del Lagar. Si no compartía mis razones, podía haberlas rebatido entonces, pero no lo hizo. Yo las pasé por el registro municipal y él quiere pasarlas por alto. En privado, me dio la razón y me agradeció que siguiera hasta finalizar las fiestas de Mayo. No espero que lo reconozca, pues la hipocresía política es una mancha muy extendida y la suya ya la conozco. Consiste en decir una cosa y hacer otra distinta. Respecto a sus anteriores decisiones sobre la Bodega, la realidad es sumamente terca. La cesión de bienes públicos a empresas privadas solo tiene un nombre: privatización. No aplicar el pliego de condiciones previsto en una cesión y no controlar el adecuado cumplimiento del contrato suscrito tiene (como mínimo) un nombre: irresponsabilidad. Y privatizar un bien patrimonial histórico, durante 99 años… eso ya no tiene nombre. Tampoco tiene nombre la decepción que siento, al haber confiado en la experiencia y el buen juicio de quien no merecía esa confianza. Como dice un antiguo proverbio árabe: “El que quiere hacer algo siempre encuentra un medio y el que no quiere hacer nada siempre encuentra una excusa”. Si el ex-alcalde quiere encontrar excusas, para poder justificarse en este y otros asuntos, pues adelante. Siga mareando la perdiz.

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