Publicado: vie, Jun 21st, 2019

Martínez, alcaldesa

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Una hora antes de la celebración del pleno de investidura se despejó la incógnita y María José Martínez fue investida como alcaldesa con los votos de Ciudadanos, Vox y Acipa. El líder de Ciudadanos, Salvador Vidosa, llega a la política ribereña con la etiqueta de poco fiable y falta de compromiso, dos valores que si en la vida son importantes, en la política resultan imprescindibles. Y no llega con esa etiqueta por haber favorecido un gobierno del Partido Popular, algo lícito y muy respetable ya que cada uno está en su perfecto derecho de elegir la opción política que desee y, además, la democracia así lo avala. No gobierna el que más votos ha obtenido si no quien consigue aunar los apoyos suficientes para conseguir una mayoría. Vidosa llega con esta etiqueta porque hasta una hora antes del pleno tenía un acuerdo cerrado con el PSOE y con InPar, a falta de la firma, con un documento programático negociado durante toda la semana y con una estructura de gobierno en el que se adjudicaban las delegaciones y hasta las tenencias de alcaldía. En ningún momento expuso el líder de Ciudadanos que también estaba en negociaciones con los populares, más bien lo contrario, un movimiento que hubiese avalado su legitimidad para negociar con tantos grupos como le hubiese interesado y que hubiese allanado el camino de la transparencia durante las negociaciones con el PSOE. Vidosa, el viernes por la tarde, incluso consintió a los socialistas y a InPar llevar el documento a sus asambleas para que fuese ratificado cuando, según fuentes próximas al PP, el acuerdo con Martínez estaba cerrado desde por la mañana. Si Scorsese hubiese dibujado un personaje frío y calculador en una película, hubiese escrito un guión en el que dicho personaje desviaría la atención de un tercero para sacarle de las negociaciones, en este caso Acipa. La trama consistiría en evitar que los socialistas pudiesen sentarse a negociar con Jesús Mario Blasco al hacerles creer que el acuerdo estaba ya encarrilado, con la exigencia de un gobierno a tres, sacando de esa ecuación al partido independiente, a Vox y a Podemos. De esta manera, los populares conseguirían el apoyo que les faltaba para la investidura mientras Vidosa hacía creer que las negociaciones ya habrían llegado a buen puerto con PSOE e InPar, algo que nunca debió estar en su cabeza. Por otro lado está Acipa, que por primera vez en 16 años opta por dar la investidura a un Gobierno municipal con la condición de que cumpla con un documento programático que presentó a Martínez y que ésta aceptó sin demasiadas discrepancias. Acipa comete el error de colgarse de un documento que, en teoría, avalará a este gobierno hasta que deje de cumplirse. Toda la presión es suya porque si quiere sostener su relevancia y aplicar su moralidad deberá plantear una moción de censura si el citado documento no se cumple y que esta moción obtenga los apoyos suficientes, algo poco probable con un documento impositivo de por medio. Los independientes, además, han anunciado que no estarán en el Gobierno, algo ilógico si pretenden que se cumpla su línea programática. Y el primer escollo estará en el pleno de la conformación de la estructura de Gobierno ya que en ese documento, enviado a la prensa, se especifica que el nuevo Ejecutivo no podrá disponer de cargos de libre designación, es decir, de confianza, aunque, eso sí, especificando que no pueden designarse en materia de gestión, algo tan ambiguo como cuestionarse qué es ‘la gestión’, una válvula de escape para poder aceptar lo que a cada cual le venga en gana. El nuevo Gobierno necesita, desde ya, a Acipa, que demostrará si es inflexible con su documento o comienza por hacer concesiones desde un primer momento.

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