Publicado: vie, May 10th, 2019

Redes sociales, la nueva religión

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[ ENRIQUE H. ROULET ] Hacer una analogía entre las redes sociales y la religión no se me aventura en estos días como algo descabellado. El poder que ostentan estos medios hoy en día es equiparable al de las iglesias, y sus modus operandi son muy similares. Acumulan séquitos, miles de fieles que les confían sus secretos más íntimos mientras creen confiados que sólo conversan entre amigos. Antaño, mediante la confesión de los pecados, era el cura, rabino o imán de turno quién acumulaba el sórdido tesoro de todo creyente que buscaba redención para su alma; hoy es Google, Facebook o Whatsapp quién atesora los secretos de cada individuo perdido o ignorante que busca explicaciones o respuestas a todo lo que lo aqueja en su diario vivir. Google sabe dónde estás, (Facebook y sus franquicias también), a dónde has ido, cómo has ido, qué frecuentas, cuánto tiempo te demoras … sabe lo que te preocupa, inquieta y atormenta. También algún tiempo atrás, no mucho tiempo atrás, una madre o padre enseñaba a sus hijos a rezar, a meterse en la cama, recapacitar el día, juntar las manos, entrecruzar los dedos, cerrar los ojos y mediante un para de oraciones, cargarse de Fe y llenar de ruegos y deseos los momentos previos al sueño con todo aquello que uno podía anhelar para su vida y para la de los demás. Esto es algo que incluso han mejorado los empresarios tecnológicos, porque uno puede ahora enseñarlo y compartirlo, es más, si no lo haces, se dudará de tu empatía, de tu compromiso, de tu persona. Hoy eso se hace por Facebook, Instagram, Twitter o cualquier red social donde uno se expresa regalando al mundo y a estas empresas una radiografía de su alma, por así decirlo, plasma el tipo de persona que eres en ese momento (otorguemos la garantía de que todo ser humano puede cambiar, o por lo menos madurar algunos aspectos en su vida). Es en Facebook, Twitter y sus sucedáneos, donde uno deposita eso que si no expresa revienta, donde se encuentra esa comunidad que antes otros encontraron en las distintas iglesias para no sentirse solos, apartados. “La información es poder”, y es eso lo que llevó a las religiones al lugar que ocupan en nuestras sociedades. Ellos tenían (tienen todavía) los libros de la vida, las filosofías, las matemáticas, la geometría, las ciencias sociales, los disparates… Se puede decir a modo de metáfora, que ahora es Google quien los tiene. Estas empresas guardan todo, absolutamente todo aquello que le regalas sin darte cuenta, sin preocupación alguna a cambio de un sentimiento, el cual no varía mucho de aquél que antes otros obtenían con la bendición clerical. También es cierto que las diferencia son notables. Algo que las religiones se ganaron por los siglos de los siglos a través de sangre y terror, es la posición de pertenencia; una religión se hereda y pocos, muy pocos, pueden decir con verdad en sus palabras que están libres de religión alguna. Pero tiempo al tiempo. Por ahora podemos reconocer que éstas empresas son sólo un medio y las religiones un cúmulo de costumbres y creencias arraigada en lo intrínseco de cada fiel, es cierto, pero reconozcamos que las bases están puestas. El ser humano, aunque a veces pensemos lo contrario, es limitado, y puede que estemos casi desbordados de avances tecnológico pero en el fondo, seguimos con las mismas inquietudes y carencias. No logramos soportar la duda, estamos sedientos de respuestas o entretenimiento, sufrimos un terror patológico a la soledad, queremos ser comprendidos, amados, reconocidos, en general no soportamos las injusticias y necesitamos creer, creer que todo tiene un sentido, y de ser posible ahora mismo, ya. P.S: Me es difícil ignorar que todo aquello que había nacido para bien, con la idea de ser beneficioso para la humanidad, tarde o temprano se termina volviendo en su contra. “Mientras el ser humano no aprenda a mirar hacia adentro, cada paso que dé hacia afuera, será un paso de ciego”, me dijo una vez en Cordoba, un tal Federico Echavarría. Aunque llegue cada vez más rápido a la otra parte del mundo o pueda insultar de manera inmediata a otra persona que está ubicada en el otro extremo de su continente, un ser humano incapaz de reflexionar, será siempre el mismo ignorante que vomita después de haber cenado los vómitos ajenos. Esto nos lleva al mismo sitio de siempre, cubierto de apatía, esclavitud y traición, porque por más que al cordero le prometan que lo tratarán como un león, de cordero siempre será su condición.

Sobre el Autor

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- Diseñador gráfico del Semanario MÁS.

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