Publicado: vie, Abr 5th, 2019

Demografía, ¿y eso qué es?

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[ Héctor Anabitarte ]. En los bares de España no sólo se habla de fútbol, desde hace un tiempo también se habla de que el calor que hace no es normal, que llueve menos, que ya no hay estaciones, que las cigueñas ya no se van y que hay gaviotas de tierra adentro urgando en vertederos lejos del mar… Evidentemente lo del cambio climático es un tema que está presente en las conversaciones. Y ahora está apareciendo el tema de la demografía (1.319 pueblos moribundos) en las múltiples tertulias. Se trata de una disciplina muy antigua. El imperio romano la tuvo muy en cuenta e instaló el censo (impuestos, soldados) y de paso perjudicó a los padres de Jesús. Hay un pionero, como en todo, Ibn Aldún (1332-1406), que de manera científica abordó el asunto (Demografía: descripción del pueblo). Según internet Aldún nació en Túnez y su familia tuvo una hacienda en Dos Hermanas (Sevilla): era historiador, sociólogo, filósofo, economista, demográfo y más cosas. En el siglo XIX una teoría, la de Thomas Robert Malthus (1766-1834), tuvo una gran repercusión. Malthus opinaba que la población tiende a crecer en progresión geométrica, mientras que los alimentos sólo aumentan en progresión aritmética. Carlos Marx (1818-1883) opinaba de manera muy diferente. Para Marx la situación demográfica depende esencialmente de los modos de producción y de las necesidades de reparto de la riqueza del país. La experiencia le ha dado la razón. Hay alimentos para muchos más humanos de los que hay, y se desperdician millones de toneladas, en un mundo en el que mil millones de personas pasan hambre. Se han producido cambios muy significativos. Muchas mujeres no sólo trabajan en sus hogares; en los países desarrollados la población envejece; en Japón recurren a los robots y a la inmigración ante la falta de mano de obra, algo que está pasando ya en España y en otros países; Alemania necesita con urgencia mano de obra, o la «locomotora» se parará entre dos estaciones en cualquier momento. En España más de cuatro millones de personas viven solas. Ancianas, y también ancianos, personas divorciadas, personas que no tienen una pareja, etc. Tener descendencia es… caro y ya no se tiene hijos e hijas como cuando no había sistemas de pensiones. La sanidad y la asistencia social se enfrentan a un gran desafío, gran parte de la población cada vez vive más años y el «colchón» familia cada vez es más delgado. ¿Pueblos moribundos? La ausencia de trabajo, la falta de escuelas, ambulatorios… Y además el atractivo de las ciudades, en donde, teóricamente, hay más posibilidades de desarrollo personal, y de ocio. La ausencia de internet en algunas zonas, acentuando la incomunicación. Como todo, en una democracia, el Estado tiene que tener un proyecto y el conjunto de la sociedad también; el Consejo de Ministros aprobó el viernes pasado, la Estrategia Nacional para el Reto Demográfico, entre otras decisiones se trasladarían instalaciones militares a zonas despobladas. Si no se toman medidas, muy radicales, ya no se tratará de una tendencia, es un hecho, el desastre demográfico, por si no fuera suficiente el cambio climático, que ya mata más que el tabaco (Se puede dejar de fumar pero evitar la contaminación es otra historia). El domingo pasado en Madrid miles de personas se manifestaron reclamando su derecho a que los pueblos desaparescan. Venían de al menos 23 provincias. Demostraron que existen. En los bares de España no sólo se habla de fútbol, desde hace un tiempo también se habla de que el calor que hace no es normal, que llueve menos, que ya no hay estaciones, que las cigueñas ya no se van y que hay gaviotas de tierra adentro urgando en vertederos lejos del mar… Evidentemente lo del cambio climático es un tema que está presente en las conversaciones. Y ahora está apareciendo el tema de la demografía (1.319 pueblos moribundos) en las múltiples tertulias. Se trata de una disciplina muy antigua. El imperio romano la tuvo muy en cuenta e instaló el censo (impuestos, soldados) y de paso perjudicó a los padres de Jesús. Hay un pionero, como en todo, Ibn Aldún (1332-1406), que de manera científica abordó el asunto (Demografía: descripción del pueblo). Según internet Aldún nació en Túnez y su familia tuvo una hacienda en Dos Hermanas (Sevilla): era historiador, sociólogo, filósofo, economista, demográfo y más cosas. En el siglo XIX una teoría, la de Thomas Robert Malthus (1766-1834), tuvo una gran repercusión. Malthus opinaba que la población tiende a crecer en progresión geométrica, mientras que los alimentos sólo aumentan en progresión aritmética. Carlos Marx (1818-1883) opinaba de manera muy diferente. Para Marx la situación demográfica depende esencialmente de los modos de producción y de las necesidades de reparto de la riqueza del país. La experiencia le ha dado la razón. Hay alimentos para muchos más humanos de los que hay, y se desperdician millones de toneladas, en un mundo en el que mil millones de personas pasan hambre. Se han producido cambios muy significativos. Muchas mujeres no sólo trabajan en sus hogares; en los países desarrollados la población envejece; en Japón recurren a los robots y a la inmigración ante la falta de mano de obra, algo que está pasando ya en España y en otros países; Alemania necesita con urgencia mano de obra, o la «locomotora» se parará entre dos estaciones en cualquier momento. En España más de cuatro millones de personas viven solas. Ancianas, y también ancianos, personas divorciadas, personas que no tienen una pareja, etc. Tener descendencia es… caro y ya no se tiene hijos e hijas como cuando no había sistemas de pensiones. La sanidad y la asistencia social se enfrentan a un gran desafío, gran parte de la población cada vez vive más años y el «colchón» familia cada vez es más delgado. ¿Pueblos moribundos? La ausencia de trabajo, la falta de escuelas, ambulatorios… Y además el atractivo de las ciudades, en donde, teóricamente, hay más posibilidades de desarrollo personal, y de ocio. La ausencia de internet en algunas zonas, acentuando la incomunicación. Como todo, en una democracia, el Estado tiene que tener un proyecto y el conjunto de la sociedad también; el Consejo de Ministros aprobó el viernes pasado, la Estrategia Nacional para el Reto Demográfico, entre otras decisiones se trasladarían instalaciones militares a zonas despobladas. Si no se toman medidas, muy radicales, ya no se tratará de una tendencia, es un hecho, el desastre demográfico, por si no fuera suficiente el cambio climático, que ya mata más que el tabaco (Se puede dejar de fumar pero evitar la contaminación es otra historia). El domingo pasado en Madrid miles de personas se manifestaron reclamando su derecho a que los pueblos desaparescan. Venían de al menos 23 provincias. Demostraron que existen. En los bares de España no sólo se habla de fútbol, desde hace un tiempo también se habla de que el calor que hace no es normal, que llueve menos, que ya no hay estaciones, que las cigueñas ya no se van y que hay gaviotas de tierra adentro urgando en vertederos lejos del mar… Evidentemente lo del cambio climático es un tema que está presente en las conversaciones. Y ahora está apareciendo el tema de la demografía (1.319 pueblos moribundos) en las múltiples tertulias. Se trata de una disciplina muy antigua. El imperio romano la tuvo muy en cuenta e instaló el censo (impuestos, soldados) y de paso perjudicó a los padres de Jesús. Hay un pionero, como en todo, Ibn Aldún (1332-1406), que de manera científica abordó el asunto (Demografía: descripción del pueblo). Según internet Aldún nació en Túnez y su familia tuvo una hacienda en Dos Hermanas (Sevilla): era historiador, sociólogo, filósofo, economista, demográfo y más cosas. En el siglo XIX una teoría, la de Thomas Robert Malthus (1766-1834), tuvo una gran repercusión. Malthus opinaba que la población tiende a crecer en progresión geométrica, mientras que los alimentos sólo aumentan en progresión aritmética. Carlos Marx (1818-1883) opinaba de manera muy diferente. Para Marx la situación demográfica depende esencialmente de los modos de producción y de las necesidades de reparto de la riqueza del país. La experiencia le ha dado la razón. Hay alimentos para muchos más humanos de los que hay, y se desperdician millones de toneladas, en un mundo en el que mil millones de personas pasan hambre. Se han producido cambios muy significativos. Muchas mujeres no sólo trabajan en sus hogares; en los países desarrollados la población envejece; en Japón recurren a los robots y a la inmigración ante la falta de mano de obra, algo que está pasando ya en España y en otros países; Alemania necesita con urgencia mano de obra, o la «locomotora» se parará entre dos estaciones en cualquier momento. En España más de cuatro millones de personas viven solas. Ancianas, y también ancianos, personas divorciadas, personas que no tienen una pareja, etc. Tener descendencia es… caro y ya no se tiene hijos e hijas como cuando no había sistemas de pensiones. La sanidad y la asistencia social se enfrentan a un gran desafío, gran parte de la población cada vez vive más años y el «colchón» familia cada vez es más delgado. ¿Pueblos moribundos? La ausencia de trabajo, la falta de escuelas, ambulatorios… Y además el atractivo de las ciudades, en donde, teóricamente, hay más posibilidades de desarrollo personal, y de ocio. La ausencia de internet en algunas zonas, acentuando la incomunicación. Como todo, en una democracia, el Estado tiene que tener un proyecto y el conjunto de la sociedad también; el Consejo de Ministros aprobó el viernes pasado, la Estrategia Nacional para el Reto Demográfico, entre otras decisiones se trasladarían instalaciones militares a zonas despobladas. Si no se toman medidas, muy radicales, ya no se tratará de una tendencia, es un hecho, el desastre demográfico, por si no fuera suficiente el cambio climático, que ya mata más que el tabaco (Se puede dejar de fumar pero evitar la contaminación es otra historia). El domingo pasado en Madrid miles de personas se manifestaron reclamando su derecho a que los pueblos desaparescan. Venían de al menos 23 provincias. Demostraron que existen.

Sobre el Autor

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- Sindicalista, periodista, escritor y activista social. Vive en Aranjuez desde 2001. Es autor de varios libros y ensayos. Como periodista ha desarrollado su labor en Buenos Aires, Madrid, Barcelona, San Sebastián y Aranjuez. Participa activamente en la asociación de inmigrantes Hombro con Hombro.

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