Publicado: vie, Ene 11th, 2019

Un bacalao de honor. SANTIAGO RUSIÑOL [ Traducción: Farramuntana ]

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La mayoría de personas desconocen que Santiago Rusiñol, además de pintor, era un excelente y prolífico escritor. Con el fin de dar a conocer esa faceta del artista, publicaré algunas de sus Glosas que hacen referencia a Aranjuez, traducidas y adaptadas del catalán por un servidor. Esta será la primera vez que se editen en castellano, desde su aparición en prensa hace ya más de un siglo. Iniciamos dicho recorrido con: UN BACALAO DE HONOR, Firmado por XARAU (seudónimo de Rusiñol) y publicado en L’Esquella de la Torratxa el 22 de mayo de 1914. En este texto descubriremos que Rusiñol, que fue siempre un firme defensor de lo espiritual frente a lo material, de la poesía ante la prosa, de las artes en contrapartida a la industria; en lo tocante a la comida, la consideraba parte del mundo emocional. Hay numerosas referencias en el texto que requieren un conocimiento detallado de la época y de la cultura catalana. Al final se aclaran algunas de ellas. El glosador, y unos cuantos compañeros que se citarán en esta glosa, acordamos celebrar una fiesta y comer un bacalao de honor para honrarnos los unos a los otros. El motivo: que una paisana obtuvo un premio de los que dan que hablar en estas tierras (para entendernos, diré que estamos en Castilla). O quizá los motivos fueron otros, pero no se sabrán porque ni ellos mismos se conocen. La citada fiesta patriarcal tuvo lugar en Aranjuez, la tierra de las fresas, de los espárragos, de Godoy y de Carlos IV, que Dios tenga en el lugar que le parezca oportuno. Quizá muchos piensen que una fiesta en la que se reúnen cuatro amigos no es cosa trascendente que merezca ser explicada a los lectores, pero nosotros pensamos lo contrario. Primero, porque, en este mundo, que ya hemos acordado que es un valle de lágrimas, no se tiene derecho a contar penas, que cada uno ya tiene bastante con las propias. Y después, porque no siempre el Glosador ha de escribir para los que tienen ganas de leer, también ha de hacerlo a veces por el mero placer de hacer correr la tinta. Por lo que cuesta el jornal de los que nos dedicamos al arte de la pluma, más vale echárselo todo a la espalda, y al que no le guste que lo deje. Quizá también nos digan que un bacalao no es suficientemente solemne ni simbólico como para ser un plato de honor, y sobre ello si que protestaremos. Hay bacalaos y bacalaos. Este pescado, que siempre hemos visto seco, lleno de sal y abierto como un cuero, también ha corrido por los mares con plena autonomía, ha tenido padres y hermanos, y en la escala geológica tiene su rango y su pergamino. Y si es plato de trabajador, no creo que sea deshonor, porque el que no honra al trabajo no será honrado por él, y el que no ama a los humildes no será amado por ellos; sentencias ambas que puestas en contrapunto parece que digan alguna cosa. Este bacalao fue comido en Aranjuez, en un hostal que se llama desde tiempos inmemoriales “Parador de la Cabrera vieja” (1). El Parador u hostal, es uno de esos que aún quedan de los tiempos en que el Quijote y Sancho corrían por las Manchas, para deshacer lo que no deshacían y enderezar no que no enderezaban. Aún se ven en su patio las tinajas inmensas, que guardan la madre del vino que bebían aquellos arrieros que se propasaban, de obra, con las Maritornes. Aún queda algo de aquel queso que comía Sancho montado en el burro cuando le apetecía, que era siempre. Ya se ha vuelto fósil, pero aún así uno se lo come. Y todavía sobreviven aquellos colchones de los que la lana no se ha vareado desde la época del caballero andante, ni hay intención de hacerlo. Pero, sobre todo, quedan aquellas telarañas en los establos, que ya se han convertido en históricas. El hostelero, el gran Grediaga (2), es un hombre de tal cultura que tendríamos que volver a los tiempos de Quevedo para encontrar a un ejemplar tan climatérico (3). Es dueño del hostal y a la vez abogado. Está afiliado a la Conjunción Republicana y conoce los palacios de Aranjuez como si hubiera vivido en ellos. Es de ideas avanzadas, pero solo lee libros con cubierta de pergamino y roídos por las ratas. Hombre idealista y además perito mercantil. Tiene gustos aristocráticos aún siendo presidente efectivo de la sección ferroviaria. Y con todo este batiburrillo de cosas, aún le queda tiempo para saber muchas más, desde la picaresca al arte de la jardinería, desde curar a una mula a soltar un discurso sobre ideas estéticas, desde conocer la cerámica de Talavera al cultivo de la fresa. Y de todo habla y lo hace bien, y con tanta abundancia, deleite y sin fatiga, que parece imposible que un solo hombre pueda usar tantas palabras y que todas quieran decir algo. Grediaga presidió el bacalao de honor. Asistieron: Bagaría (4), que por tratarse de este acto hizo el honroso sacrificio de abandonar por un rato el trabajo; el que firma; y por fin, nuestro López (5), que fue quien realizó la confección de la bestia. El pescado, digámoslo ya, fue cocinado a la provenzal y resultó algo portentoso. ¿De qué medios se valió el amigo López para tener el secreto de la insigne brandada?… ¿Tenía la receta de un fraile?…¿la había aprendido durante su emigración?…¿Conoció quizá al Nobel Mistral?…¿había estado en el puerto de Marsella?…¿era fruto de una revelación?… Los informes que tenemos — y no quisiéramos ofender a López — indican que se trataba de un caso de espionaje. Le había comprado a un cocinero de Arlés, por treinta monedas, la receta del plato sagrado de la Provenza. Sea como sea, solo sabemos que para cocinar este bacalao que comerían las Hespérides, hay que hacerlo en mangas de camisa. Que se utiliza aceite, leche de cabra, que hay que hacerle sudar, y que, si se para el meneo, en lugar de bacalao sale una papilla. Eso sí, una vez cocinado resultó un plato que reíros de las recetas del gran Brillat Savarin, o de las de “Mariquita la cocinera”. Ni ver torear a Belmonte, ni escuchar versos en los juegos florales, ni comer gallo por Navidad, ni el huevo que baila (6) ni el que no baila, ni oír al “pico de oro” Melquiades Álvarez, son cosas tan deliciosas como lo fue aquella brandada, aclamada por el estómago de todos los asistentes al acto. Solo os diré que cuando compareció, el Glosador lo bendijo. El gran hostelero Grediaga dijo que, si bien el bacalao no era bestia de gran cultura, aquel era una obra inmortal, que pudiera haberse servido en las bodas de Camacho, y que Gracián lo hubiese comido. Bagaría añadió que un bacalao como aquel no tenía caricatura. Y a López, con tres colchones no le hubiesen tapado…lo que fuera. El pobre Glosador lloraba. Lo hacía por el bacalao, por la Provenza, por Frédéric Mistral recientemente fallecido, por Aranjuez, por la…madre patria, y si llegamos a tener un porrón, no hubiesen sido llantos, sino unos segadores (7) que hubiesen hecho temblar a las entrañas de Castilla. Una vez embacalados, salimos a digerirlo como se debe. Vimos ponerse el sol con toda su poesía, vimos los jardines de Aranjuez con su exuberancia, era el mes de mayo y las flores estaban encantadas. Pero nada nos pudo hacer olvidar la visión bacaladera. Y es que cuando hablan los alimentos, ha de callar la poesía. (1) El Parador de la Cabrera vieja estaba situado en la carretera de Andalucía, y era uno de los lugares en los que Rusiñol se alojaba en Aranjuez. (2) Emilio García Grediaga, Aranjuez 1866-1957. Abogado, profesor y político socialista. (3) Con climatérico, Rusiñol no hace alusión a etapas de decaimiento hormonal, sino a los frutos que son capaces de seguir madurando por sí mismos, aún separados de la planta. (4) Luis Bagaría, ilustrador y caricaturista catalán. (5) Probablemente José María López Mezquita, pintor granadino. (6) L’ou com balla es tradición del día de Corpus en Cataluña, en la que se hace bailar un huevo en el chorro de un surtidor o fuente. El caso más conocido ocurre en la catedral de Barcelona. (7) Se refiere a “Els Segadors”, himno oficial catalán.

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- Diseñador gráfico del Semanario MÁS.

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