Publicado: vie, Nov 9th, 2018

Cuentos de otoño de Farramuntana: Praegressus

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No es la apariencia, es la esencia… (Coco Chanel) De nuevo en el ferrocarril. Le estoy cogiendo afición, debe ser cosa de la edad. Y lo que también va con los muchos decenios cumplidos es la tendencia al fisgoneo hacia los compañeros de viaje. Me fijo especialmente en el pasajero situado a mi derecha, al otro lado del pasillo pero apenas a un metro de distancia, que es una monjita. El diminutivo va de serie, porque la religiosa es bastante voluminosa. Viste un hábito de color crema, poco favorecedor para su tamaño, que no había visto nunca antes, aunque no me considero precisamente un experto en la materia. Afortunadamente, en estos tiempos de acceso inmediato a la información es posible hacer una búsqueda discreta al respecto, en el móvil sin ir más lejos. Llevado por mi curiosidad me informo sobre las variantes de la indumentaria eclesiástica, en función de las diversas órdenes existentes. Da para una tesis doctoral. La lista de congregaciones religiosas femeninas tiene más de doscientos nombres. Algunos tan exóticos como las Adoratrices perpetuas guadalupanas o las Esclavas del divino corazón. Pruebo una docena al azar y me rindo tras no encontrar la vestimenta en cuestión. Además, ni siquiera sé si este es un uniforme “de calle” quizás distinto al que se usa en el convento. Total, que vuelvo a mirar de reojo, lo que es una tecnología menos digital pero igualmente eficaz. La hermana acaba de abrir su laptop de gama élite, de esos que tienen una fruta mordida en la tapa, lo que ella verá sin duda como el símbolo de Eva. El aparato debe estar dotado con una wifi card, porque observo que está eligiendo una película en la enorme lista de un proveedor multimedia. Se ha decantado finalmente por una de cruzados, que supongo debe ser para la viajera lo mismo que para un forofo merengue un reportaje de las copas de Europa del Real. Al cabo de un rato, la cinta muestra escenas de demuestran con pelos y señales que los templarios pasaban por completo de los mandamientos quinto y sexto. La observadora no parece afectada por dichas secuencias. De hecho, las mira con actitud perfectamente neutra, como si fuese el Director analizando las tomas. Mientras tanto come unas patatas fritas de bolsa, nuevamente de una marca de alto standing, de esas en las que el coste original del tubérculo se multiplica por treinta, a la vez que bebe una Coke — clásica, con cafeína y azúcar—  a morro. Por debajo del hábito asoman unas zapatillas deportivas de la marca que utilizan los ganadores del maratón olímpico. Pienso que ya son muchos detalles atípicos, cuando, de repente, saca de un bolsillo el teléfono a juego con el ordenador, que, aunque no ha sonado, debe estar en modo vibración. Yo alargo la oreja, si es que eso es posible, para intentar espiar la conversación. La monja habla muy bajito y solo emite monosílabos o frases de apenas un par de palabras, de manera imperturbable (jugadora de póker perfecta) igual que cuando miraba la película. Ya toca que elabore alguna teoría sobre esta mujer. La opción más probable es que no se trate realmente de una religiosa. Si es así, la pregunta inmediata es ¿por qué va vestida como tal? En cualquier caso, parece que la conversación toca a su fin. Capto la última frase, una orden clara y rotunda, que suena a algo parecido a “véndelo todo a primera hora”. ¿Y si es una ladrona? Eso podría explicar el disfraz, que le sirve para pasar desapercibida, y también la abundancia de bienes materiales. A lo mejor el interlocutor al otro lado de la línea es su cómplice. Acaban de dar un golpe en Aranjuez, de donde ha salido el tren, y tras escabullirse por caminos y medios distintos, están organizando ahora la venta del botín. Echo mano una vez más del internet telefónico, para buscar en las noticias recientes si se ha producido algún suceso que pueda cuadrar con mi teoría. Nada. Ni en el Real Sitio ni en las cercanías. Puede que aún no se haya descubierto el delito. Se levantan algunas personas puesto que estamos llegando a una de las paradas. La sospechosa está entre ellas. Ni corto ni perezoso, Sherlock vocacional, me incorporo también para seguirla hasta la salida y ver si se reúne con alguien. En la plataforma junto a la puerta hay, curiosamente, otras dos monjas con ropa oscura más reconocible. No se saludan. En realidad, parecen ignorarse completamente, lo que aumenta el nivel de mis sospechas. La presa vuelve a sacar el móvil del bolsillo y tras un escueto “hola” asiente con la cabeza, mientras, por primera vez desde que la observo, sonríe. Oigo otra frase delatadora antes de que cuelgue: “mañana repartimos”. Luego el convoy para con una sacudida y la susodicha baja al andén diluida entre los otros pasajeros. Paradójicamente, se cruza, sin alteración aparente, con una pareja de policías que suben al coche. Nadie la espera en la estación. Me muerdo el labio inferior, reconcomido por las razonables dudas y vuelvo al asiento. Estoy un poco triste por la pérdida de una distracción tan interesante. ¿Qué se le va a hacer? Para matar el tiempo me dedico a la lectura clásica: un ABC en formato papel. Tras pasar por encima de los repetitivos líos políticos de este país masoquista, me llama la atención un titular inesperado en la sección de Economía: Broker Espiritual. Poco después mi sorpresa es mayúscula. Una pequeña fotografía al pie de la noticia muestra a la monja que ha compartido viaje conmigo hasta hace un momento. El artículo describe la actividad de Sor Arelys, una Hermana de la congregación de Misioneras del Ángel de la Guarda. Licenciada en Matemáticas, dedica su tiempo a la actividad en Bolsa, en nombre de la Orden. Inició su labor, tras convencer a la Superiora, con el fruto de la venta de algunas joyas del tesoro del convento. Después de un mes en el parquet, ha conseguido multiplicar por cien esa cantidad, asombrando a todos los profesionales del sector. Con los fondos logrados sus correligionarias están haciendo una gran labor, hasta antes impensable, en el sur de África. Todavía con la boca abierta, busco en Google el significado del nombre de esta sorprendente mujer. Significa en hebreo Leona de Dios.

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- Diseñador gráfico del Semanario MÁS.

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