Publicado: vie, Oct 19th, 2018

No olvidemos las cosas importantes

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En una vida de relámpagos, de esculturas en el aire, de quedar atrapados en un tiempo en el que las banderas, los másters, las elecciones, las broncas políticas o el atropello a la urbanidad se anclan en el día a día, un grupo de ‘jóvenes’ mayores ha celebrado, como cada año, su nombramiento como Maestros de Vida. Son aristócratas de valores, de sabiduría, de experiencia. Un espejo en el que el alma de generaciones presentes o futuras debería arder en el poso de la nostalgia, de la calma, del sufrimiento, de las alegrías y las tristezas. Ellos son nuestro pasado, pero también nuestro presente y, sobre todo, nuestro futuro. Ellos marcaron, de la mejor manera posible, la educación de sus hijos, de sus nietos, de una sociedad que pretende escapar de la apatía. Legaron esfuerzo, sacrificio, órdenes de vida y hoy son aquello que toda generación debería envidiar: Maestros de Vida. Escribió Serrat una canción en la que, conscientemente, amparaba el despecho de una sociedad que parece olvidar a toda prisa todo aquello que nos enseñaron. “Si se llevasen el miedo, y nos dejasen lo bailado para enfrentar el presente… Si se llegase entrenado y con ánimo suficiente… Y después de darlo todo -en justa correspondencia- todo estuviese pagado y el carné de jubilado abriese todas las puertas… Quizá llegar a viejo sería mas llevadero, más confortable, más duradero. Si el ayer no se olvidase tan aprisa…”. Once personas nacidas en 1923 representaron el lunes a millones de pensionistas, millones de seres que siguen dando lecciones, que han sostenido o sostienen con sus pensiones a miles de familias, tejiendo milagros, bordando sueños bajo una sonrisa que esconde la amargura de mirar alrededor y observar, con incredulidad, que gran parte de aquello por lo que lucharon durante una vida se desmorona. La injusticia social con nuestros mayores en un ‘debe’ que hay que cuadrar en las cuentas de la vida. No es posible que nuestros mayores tengan que volver a las calles, a reivindicar unos derechos que les han sido truncados. No es su papel, esto ya lo hicieron. Ahora es momento de ampararles el presente pero, sobre todo, el futuro, para que no tengan que volver a un tiempo anclado en el pasado para pelear lo que les corresponde, pero con menos fuerzas. Es momento de que todas las formaciones políticas se pongan de acuerdo para prestarles la atención que siempre merecieron porque, sin ellos, es probable que todo lo que hoy disfrutamos sus predecesores no hubiese llegado a buen puerto. Las pensiones, la sanidad, los alimentos de primera necesidad… todo debería estar enfocado en aumentar el bienestar de nuestros mayores porque “simplemente, si todos entendiésemos que llevamos un viejo encima…”

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