Publicado: vie, Sep 28th, 2018

El civismo, una cuestión de educación

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Cuando hablamos de ‘civismo’ resulta conveniente desglosar esta palabra para poder llegar a su significado real. ‘Civismo’ viene del latín ‘civitas’, que significa ‘ciudad’, derivando en civilización. Por otra parte, la palabra también se compone del sufijo ‘ismo’, que quiere decir sistema, movimiento o escuela. Por lo tanto, podríamos consensuar que el civismo es un sistema relacionado con aquello que nos convierte en personas civilizadas

[ E. Vega. MÁS ] Para mostrarse como una persona cívica se hace necesario respetar unas normas de conducta respecto a la ley y con el resto de las personas con las que convivimos, favoreciendo la buena relación entre los individuos dentro del marco social. Sin embargo, a menudo estas normas dejan de cumplirse, provocando actuaciones incívicas en miembros de la comunidad en la que vivimos. Estas acciones, a veces, se realizan de manera consciente mientras que otras se realizan por pura inercia aún sabiendo que no es correcto realizarlas. Para ser un individuo cívico es necesario haber recibido una educación y una formación acorde con estas necesidades que empiezan a aprenderse en el núcleo familiar para luego proseguir con el aprendizaje ya en la escuela. El civismo se enseña en el colegio como un aspecto complementario al estudio de las materias y, en algunos países, se estudia como una asignatura específica, con un apartado de la asignatura de Ética o, en el caso de España, en la materia denominada Educación para la Ciudadanía. Existen varias situaciones en las que se hacen visibes los problemas relacionados con la ausencia de civismo, como el acoso escolar, la suciedad de las ciudades, el escaso uso de las papeleras o la falta de recogida de excrementos de mascotas por parte de sus dueños. En Aranjuez también existen, por desgracia, acciones incívicas y aunque no sería justo generalizar, sí es obligada la denuncia en algunas personas que poco o nada entienden de actitudes cívicas. Tampoco sería justo centrarse en los adolescentes, aunque sí es cierto que entre este colectivo no parece que el cuidado de la ciudad esté entre sus preferencias. Es habitual ver a grupos de jóvenes consumiendo alimentos en algunos barrios, en zonas un poco apartadas del núcleo urbano que, aún teniendo a pocos metros una papelera, dejan tirados los desperdicios por el suelo, dando una sensación de suciedad y de falta de trabajo por parte de los empleados de limpieza que, en absoluto, se acerca a la realidad. También es habitual ver grupos de jóvenes dentro de parques infantiles, maltratando columpios o toboganes que luego los más pequeños no van a poder utilizar o que supondrá un coste adicional, por su reparación, al Ayuntamiento que, no olvidemos, se gestiona con el dinero de todos los vecinos.

Acciones incívicas

Por poner solo unos ejemplos de poco civismo podemos detenernos en aquellas personas que no utilizan las papeleras aún teniéndolas a pocos metros de donde se disponen. Es habitual ver suciedad alrededor de una papelera pública que invita a no comprender por qué es tan difícil depositar dentro lo que se tira al suelo. Otro de los problemas que existen en Aranjuez es el de la recogida de excrementos caninos. Muchos dueños, diríamos una mayoría, ejercen su responsabilidad y recogen los excrementos de sus mascotas pero basta una minoría para que las calles del municipio parezcan campos de minas sin importarle a quienes lo provocan la convivencia de los ciudadanos y la limpieza de su ciudad. Tampoco faltan quienes maltratan el mobiliario urbano y se dedican a realizar pintadas en las paredes o a inutilizar bancos, papeleras o contenedores de basura, actuaciones éstas que evidencian una intencionalidad sin la que sería muy complicado proceder a su deterioro.

Iniciativa cívica

El Ayuntamiento de Paterna, en Valencia, puso en marcha el pasado mes de julio una iniciativa en la que etiquetaba las papeleras, bancos, contenedores y señales de tráfico de todos los barrios del municipio para informar sobre su coste y fomentar el respeto y cuidado del mobiliario urbano entre los vecinos. Se trataba de una campaña de concienciación y de poner en valor el coste de estos enseres que, como ya hemos explicado antes, corre a cuenta del consumidor. Hasta que el ciudadano incívico no sea consciente de que aquello que rompe luego se paga con sus propios impuestos -o los de sus padres si es menor de edad- el problema del civismo no podrá erradicarse o, al menos, disminuir considerablemente. Para conocer el coste del mobiliario urbano de Aranjuez nos hemos puesto en contacto con la delegación de Obras y Servicios, que nos ha facilitado el coste que supone en las arcas municipales cuando algo se rompe y hay que repararlo. Por ejemplo, un banco de fundición cuesta 352 euros, una farola de fundición, modelo Villa, 956 euros. Una farola de columna de 4 m. y luminaria esférica asciende a 595 euros, un contenedor de basura de carga lateral de la empresa Formato Verde (de los nuevos) se va hasta los 1.657 euros mientras que un contenedor de basura de carga lateral de la empresa Contenur (de los antiguos) tiene un coste de 1.125 euros. Una papelera de 50 l. modelo prima línea colocada en farola cuesta 63 euros, una papelera de 60 l. modelo Toscana colocada en suelo, 113 euros. Una señal de tráfico de aluminio y poste, colocada en el centro histórico asciende a 242 euros y una señal de tráfico de chapa y poste, 157 euros. Un poste de señalización de nombre de calle le cuesta al Ayuntamiento 264 euros. En los parques infantiles, un columpio de 2 plazas para niños de 3 a 10 años cuesta 1.815 euros. Un bolardo de metal tipo seta, 110 euros, un bolardo de piedra caliza de colmenar, 640 euros y una barandilla modelo Gran Vía, 205 euros por ml. A veces, el ciudadano que no respeta las normas de convivencia y el mobiliario urbano no es capaz de analizar que lo que está deteriorando cuesta bastante más dinero del que se podría imaginar y no concienciarse de que ese dinero sale de su propio bolsillo es un insulto a la inteligencia. George Elliot dijo que “Nuestras acciones hablan sobre nosotros tanto como nosotros sobre ellas”, por lo que sería conveniente ejercer un poco de autocrítica para entender que la limpieza y el cuidado de una ciudad no solo depende de un Ayuntamiento y del Servicio de Limpieza, que también, sino en gran medida del comportamiento ciudadano.

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- Diseñador gráfico del Semanario MÁS.

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