Publicado: vie, Ago 3rd, 2018

Casado: de la mano de la xenofobia pretende llegar a la Moncloa

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[ Héctor Anabitarte ] Hay diversas maneras de llegar a la Moncloa, entre otras, una, la más deseable: con un programa honesto para beneficiar al conjunto de la población, a los sectores con mayores dificultades. Pero también hay otra, poco recomendable, que está teniendo un preocupante éxito: hoy un fantasma recorre el mundo -y no tiene nada que ver con el fantasma del Manifiesto Comunista que recorría la Europa de Marx y Engels-. Este fantasma es el de la xenofobia, el racismo, el machismo, la homofobia, la transfobia… El fantasma se ha encarnado en un Gran Jefe, que habita en Washington, en la Casa Blanca, que se atreve inclusive a secuestrar cientos de niños, apartándolos de sus padres inmigrantes y pobres, metiéndolos -literalmente- en jaulas de alambre fronterizo. El Gran Jefe, Donald Trump -con nombre, voz y gesto disneynano- y su política anti-inmigrante tiene seguidores: el Gobierno de Italia, el de Hungría y el de Polonia… ¿y en España?: hasta ahora solo Vox y otros grupos minoritarios de extrema derecha se atreven a demostrar su total indentificación con el modelo xenófobo, pero recientemente el nuevo presidente del Partido Popular, Pablo Casado, se incorporó con entusiasmo al ejemplo de Trump. No duda al decir que España está amenazada por millones de africanos, por otro año 711 -fecha de la irrupción de los árabes en Hispania-, pero mucho peor. Casado, intenta movilizar lo más abyecto de la sociedad, lo más temeroso, egoista, ignorante. La presencia de extranjeros en España no ha significado ni significa “un problema”. Los inmigrantes, los refugiados, han impulsado el crecimiento económico, han paliado en alguna medida el desastre demográfico que vive el país, uno de los más envejecidos del mundo. Los inmigrantes dan más de lo que reciben. En general son personas jóvenes, sanas, ningún enfermo ni anciano viaja en pateras. Pablo Casado sabe que no existe ninguna amenaza de invasión, pero también sabe que su “radicalismo” puede traerle votos -escapados hacia las huestes de Rivera y sus Ciutadans-Ciudadanos- y auparlo hasta la Moncloa. Después de sus alarmantes declaraciones, reivindicando ser “políticamente incorrecto”, ante las numerosas críticas, Casado viaja para dar la mano a unas cuantas personas extenuadas sentadas en el suelo arropadas con mantas de Cruz Roja. Y les pregunta ante las cámaras de qué país son. Alguien tendría que avisarles que no respondan. Casado podría estar pensando en deportarlos a sus países de origen, mientras divaga hablando sobre los peligros terribles que esconde “el buenismo” y se enreda recordando el Plan Marshall a los estupefactos periodistas.

Sobre el Autor

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- Sindicalista, periodista, escritor y activista social. Vive en Aranjuez desde 2001. Es autor de varios libros y ensayos. Como periodista ha desarrollado su labor en Buenos Aires, Madrid, Barcelona, San Sebastián y Aranjuez. Participa activamente en la asociación de inmigrantes Hombro con Hombro.

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