Publicado: vie, Jul 13th, 2018

Orgullo: hace 40 años

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[ Héctor Anabitarte y Ricardo Lorenzo ] Hace 40 años en Madrid tuvo lugar la primera manifestación en defensa de la libertad sexual cuando todavía el franquismo -aunque el dictador ya hubiera muerto y hubiese empezado la transición- perseguía la homosexualidad utilizando una ley, la de Peligrosidad social -más conocida como de “Vagos y maleantes”, nacida, así fueron las cosas de paradójicas, durante la II República-. Bajo la dictadura nacional-católica de Franco miles de personas fueron encarceladas, sufriendo además rechazo familiar y vecinal, discriminación social, marginación laboral… Y, también, fueron ridiculizadas, objeto de burlas, caricaturas moviéndose por los escenarios de los teatros portátiles a lo Manolita Chen por todos los pueblos en fiestas de España, sembrando odio con chistes homófobos, a lo Arévalo, Esteso, Pajares o soltando tópicos en las pantallas de cine por boca de Alfredo Landa: “El vecino del quinto”. Hace cuarenta años, ya muerto el dictador, los homosexuales seguían siendo, a todos los efectos, verdaderos parias. Nunca se sabrá cuantas de estas personas se suicidaron. Esta situación, y mucho peor, impera actualmente en muchos países que -aunque hayan firmado todas las declaraciones de respeto a los Derechos Humanos- consideran delito amar a una persona del mismo sexo. Cárcel, penas de muerte, exilio… No hay dictadura que no sea homofóbica. Secuestrar el deseo, el cuerpo, les resulta muy rentable. En aquella primera manifestación autorizada participaron 7.000 personas valientes, entre ellas refugiados, ya había refugiados, huyendo de las dictaduras de Chile, Uruguay, Argentina… Entre otras cosas gritaban a los que estaban en las aceras: “No nos mires, únete”. Pocos se atrevían: como si el bordillo fuera un insalvable precipicio. Y lo era en cierta forma. Responder a la llamada, bajar a la calle y unirse a los manifestantes era dar un gran salto hacia la libertad. Ahora se unen, bajan a la calle y son más de un millón. Esta España de 2018 ha cambiado mucho, parece otro país; no fue fácil, exigió un gran esfuerzo, no se dejó de luchar. A iniciativa del Gobierno de Rodríguez Zapatero -inspirado por Pedro Zerolo, verdadero artífice de la Ley- el Congreso de los Diputados aprobó el casamiento entre personas del mismo sexo. Zapatero, esa histórica jornada dijo la famosa frase que a algunos sectores de la caverna soliviantó: “España, hoy, es un país más decente”. No hubo, por supuesto, unanimidad: el Partido Popular recurrió la ley pretendiendo que era anticonstitucional. Unos años después líderes significativos populares se casan con sus novios-as y de una manera no discreta, invitando a la boda a sus colegas. Rajoy, siendo Presidente, asistió al casamiento de Maroto. ¿Autocrítica? Ninguna. La Ley Zerolo-Zapatero impulsó leyes similares en diferentes países de Iberoamérica. España, que para los sectores más carcas de ultramar había sido siempre la “Reserva de Occidente”, se transformaba en vanguardia, en adalid de la causa Lgtbi. Y, como es habitual en toda causa, siempre hay pioneros, en este caso, Pedro Zerolo. El Orgullo 2018 comenzó en la plaza que lleva su nombre. Cuando se supo que Pedro Zerolo tenía cáncer, un sacerdote católico no dudó en afirmar que se trataba de un castigo divino. Por su parte, un partido minoritario, Vox, que es de desear que nunca esté presente en un Pleno del Ayuntamiento, critica el Orgullo por ser una “imposición ideológica” que “vulnera derechos”. No se toman la molestia de explicar a qué derechos se refieren, debe ser el derecho al odio, que se manifiesta en sucesivas agresiones (Cinco agresiones por semana en Madrid y no se sabe cuántos menores sufren bulling por su orientación sexual en los colegios) Hace cuarenta años. Hace más de cuarenta años: “En 1974, en el único juzgado de Madrid, los casos de homosexualidad representan el 6,12 por ciento de los expedientes. De un total de 64 expedientes de homosexuales, 63 eran varones y 1 mujer, 57 solteros y 7 casado, 32 obreros, 16 profesionales y 13 sin trabajo. En 1975, en los dos juzgados especiales de peligrosidad hubo un total un total de 88 expedientes sobre homosexualidad (un 6,29 por ciento), 87 varones y una mujer, 77 solteros, 9 casados y 2 viudos, 54 obreros, 4 estudiantes, 26 profesionales y 4 sin trabajo” (Estos datos fueron recogidos por el Equipo del Instituto Lambda de Barcelona y reproducido en “Homosexualidad: el asunto está caliente”, de H. Anabitarte y R. Lorenzo, Editorial Queimada, Madrid.1979). De ahí venimos. De esas oscuridades. En esta semana, de joljorio y de lucha, en el balcón del Ayuntamiento de Aranjuez, luce orgullosa, con todos sus colores, la bandera del Orgullo, en una España más libre, más digna, y más decente.

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