Publicado: vie, Jul 6th, 2018

Hijos del río Tajo

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[ Laura Barreiro Marañón ] Somos hijos del río. No es Aranjuez y luego el Tajo, sino que nuestro pueblo, nuestra esencia se crea a partir del Padre Tajo. Los jardines, las vegas, el Plátano Padre, la Casita del Labrador, el pertenecer a la lista de Paisajes Culturales Patrimonio de la Humanidad, el Real Sitio y todo lo que ha sido se lo debemos al río. Sus aguas han marcado nuestro ritmo, han forjado nuestro carácter, han creado nuestra rutina y un estilo de vida. Todo se lo debíamos, éramos conscientes de ello y se le agradecía. Pero luego vinieron otros tiempos, aparecieron las piscinas, trabajar en el campo era duro y empezamos a darle la espalda. Su música seguía sonando, pero de fondo, siempre presente desde el olvido, paciente, esperando que volviésemos a mirarlo. Generoso, seguía aportando toda su riqueza y su energía, y agonizante, perdiendo fuerza porque se empeñan en alterar de forma artificial y atroz su cauce y su destino, un mes tras otro hasta completar décadas, y esa sentencia de muerte no la impiden ni los unos ni los otros. Los “mayores” mandan y juegan a ser dioses, alterando la naturaleza pensando sólo en intereses económicos desiguales y sin pensar en mañana y las consecuencias. Pero Él, resiliente, en el momento que le dejan recuperarse un poco, renace, limpia, cuida todo a su paso, alimenta su creación, consciente de que él abrirá su camino de una forma u otra, se reinventará y perdurará pero los que perdemos somos nosotros. Los ribereños estamos impregnados de su energía y mientras Él languidece nosotros lo hacemos también, una decadencia compartida. Pero parece que últimamente la gente vuelve a mirar al río, los jóvenes vuelven a sus aguas, los veranos vuelven a ser “fluviales”. Se sientan en una mesa y reman todos al unísono porque saben que su futuro es el de todos y es necesaria la unidad sin fisuras. La palabra solidaridad deja de ser un argumento y aumenta la consciencia de que todo tiene un fin, no todo vale ni de cualquier forma. Y el Tajo, siempre presente, lo sabe y recobra fuerza nuevamente y se prepara porque sabe que algo está cambiando y que su futuro es más alentador. Este domingo nos uniremos todos en el Mochazo, para dar el salto que es algo simbólico, pero adquirimos el compromiso de luchar, se dice ¡¡Basta, queremos un río vivo y el fin del trasvase!!. El ambiente es festivo, se recuerdan tiempos mejores y estoy segura de que alguien vigilará desde lo alto. Si mantenemos silencio oíremos las voces del pasado, realizaremos esa fotosíntesis mutua mientras nos inunda el espíritu ribereño, y el Río vivirá y lo agradecerá. El no se rinde, nosotros tampoco. No le des la espalda, ¡¡MÓJATE POR NUESTRO RÍO TAJO!!

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