Publicado: vie, May 18th, 2018

Las cuquis del frac [ Estrella Benito ]

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La primera llegó sola. Se notaba que había sido destinada a cumplir una ardua tarea en la que corría peligro su vida y así fue, cuando me topé con ella en medio de la noche y de un seco pisotón acabó pegada en el suelo como una calcomanía. La segunda vino acompañada de un reducido séquito con ánimo de explorar y hacer un estudio minucioso del lugar, pero esta vez me pillaron de peor talante, dispuesto a no ceder ni un solo palmo de mi territorio a sus exigencias. Cada vez entendía menos su actitud y su afán por querer conquistar mi casa. Yo, un tranquilo ciudadano de esta sociedad que pagaba religiosamente mis impuestos, me veía acosado por la presencia de estas cucarachas indeseables, cada vez más inoportunas. Fumigué habitación por habitación con el mejor spray que existía en el mercado, pero aquella mañana, de pronto, sentí un liguero cosquilleo. Algo se había introducido por el orificio derecho de mi nariz, estornudé varias veces, y al tercer intento, conseguí agarrar de una pata a esa maldita cosa asquerosa y repugnante que quería reptar hasta mi cerebro. Su endurecido caparazón me arañó hasta el punto de hacerme sangrar. No me había recuperado del golpe que recibí al chocarme contra la pared cuando, por los pliegues de mi oreja, sentí que algo se escurría por mi oído. Esta vez de un manotazo liquidé a mi agresora y con ayuda de una pinza conseguí sacar su cuerpo aplastado, no sin antes tener que sentir el viscoso líquido de sus tripas desembocar en mi tímpano. Salí de la habitación y todo un regimiento bien organizado con ánimo de no bajar la guardia me esperaba. El suelo del pasillo parecía un desfile multitudinario de soldados, bien uniformados, con sus elegantes fraques recién salidos del tinte y adiestrados para atacar al enemigo, en este caso yo. Me dirigí a la cocina, saqué el aspirador como un arma de defensa, pero aquellas desaprensivas empezaron a tomar conciencia de mi intención cuando, sin yo esperarlo, algún mando dio la orden y empezaron a sobrevolar por mi cabeza y como piojos cabreados se agarraron a mi cabello sin mesura. Por un momento creí morir de asco, pero estaba en juego mi orgullo y sin pensarlo rocié todo mi cabello del spray mata insectos Lik Definitive sin tener en cuenta las instrucciones de uso. Al momento, toda su negrura me cegó de repente. Era su víctima. Debía aceptar mi derrota. Como último intento opté por meterme bajo la ducha de agua hirviendo, pero por los desagües, otro regimiento ya estaba dispuesto para tomar posiciones y como una procesión bien organizada, empezaron a desfilar de una en una y a trepar por mis muslos. Intenté deshacerme de ellas pero la batalla estaba perdida, moriría allí mismo siendo víctima de un descalabrado accidente del que no era culpable. Pero cómo explicarles a semejantes seres, de vano cerebro, que yo no invadí su espacio, que aquel lujoso chalet ya estaba allí construido cuando yo llegué a él. Blindamos nuestras puertas, enrejamos nuestras ventanas, cerramos con cerrojos nuestras vidas, pero cómo evitar que estos insectos de armadura azabache se cuelen en nuestra vida por cualquier hueco minúsculo Quizá esta historia parezca algo surrealista, pero no queda muy lejos del problema que vivimos algunos ciudadanos de esta ciudad, mientras los servicios de limpieza no nos llegan. Es cierto que, como escenario, una alcantarilla llena de cucarachas, no es el mejor para realizar la típica foto de rigor, ni el más agradable. Entonces, no hay foto, ni autoridades que se hagan cargo del problema y las cuquis del frac, bien organizadas, siguen invadiendo nuestros hogares como huéspedes inadecuados.

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