Publicado: Vie, May 4th, 2018

Quienes legislan, deben recapacitar

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Cosas del destino, que apostó por hacer coincidir los Premios a la Igualdad que otorga cada año el Partido Socialista de Aranjuez con la sentencia de ‘La manada’, apenas unas horas después de que esta se produjese. Era previsible, y hasta un ejercicio de sensatez, que los premiados y quienes otorgan los premios pusiesen sobre el tapete la injusticia injustificable de una sentencia que ha comenzado a levantar ampollas en la sociedad española. Pepa Bueno, periodista de dilatada carrera y con un marcado compromiso con el feminismo, y David García, al frente de la coordinación de la Unidad Especializada en Violencia de Género de la Policía Local de Aranjuez fueron los elegidos en esta ocasión por los socialistas para otorgarles tal distinción. Ambos se mostraron contrariados, como también lo hicieron el secretario de Igualdad de la agrupación socialista, David Estrada, la Secretaria General en Aranjuez, Cristina Moreno, y su homónimo en Madrid, José Manuel Franco, con los hechos que sucedieron en las horas previas. Pero quien más ahondó en el problema fue Pepa Bueno, que acertó al poner el foco sobre la legislación. Les leyes, en este caso, como en la mayoría de ellos, son imperfectas y los abogados conocen los resquicios para bordearlas. Cuando se legisla en cuestiones de violencia de género hay que ser muy cuidadoso y muy escrupuloso, de lo contrario se puede interpretar una violación, con todas las letras, como abuso sexual. Y quienes legislan están en la obligación de cambiar este tipo de situaciones de manera inmediata, sin que haya lugar a interpretaciones. Porque no es posible y, además, es rechazable e intolerable que una legislación exija a las mujeres que pongan en riesgo su vida para demostrar que las han violado sin su consentimiento. Esto no representa ningún tipo de democracia, ni de igualdad, ni de justicia. No es tolerable y resulta triste para el futuro de esta sociedad que un magistrado ponga sobre el papel semejantes barbaridades para pedir la absolución de los agresores. Ni siquiera es humano interpretar, incluso, que la víctima ha disfrutado con esa agresión sexual, es un hecho que provoca naúseas y no defiende los valores de una sociedad que está cambiando, afortunadamente. Porque esta sociedad, desde el pasado 8 de marzo y desde la huelga feminista está marcando un rumbo en el que se deben poner los pilares definitivos para que una mujer no deba sentir miedo, ni deba sentir esa discriminación que en pleno siglo XXI aún queda patente. La sociedad, los políticos y, sobre todo, los jueces deben poner su sensibilidad al servicio de la justicia y no interpretar hechos que puedan oscurecer su integridad como seres humanos. Cuando una mujer dice ¡No!, está diciendo ¡No! y toda la sociedad debe gritarlo con ella. Quienes deben, han de recapacitar para que los agresores no se vayan de puntillas y sonriendo, eso no debe ser posible.

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