Publicado: vie, Abr 13th, 2018

Master de mentira

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Según datos facilitados por empresas de selección de personal casi un 60% de los españoles miente en su currículum. Nuestros políticos, pese a que debieran ser ejemplo de lo contrario, también entran en el porcentaje. Esto no es nada nuevo ni exclusivo de un partido en concreto. Son mentiras piadosas que adornan un programa electoral. Hay que dar la confianza que cuando uno introduce el voto en una urna lo hace a alguien preparado, con un imponente bagaje académico por delante. Ya saben, algo más elevado que aquello de “la universidad de la vida”. Y si para ello hay que convencer a alguien en alguna facultad, pues se hace. La cadena de favores se pone en marcha. Que opositar y estudiar cuestan dinero y tiempo, y lo principal es estar al servicio al ciudadano. Así que si un sobresaliente parece mucho pues lo dejamos en notable. Ni para ti ni para mí. Ya habrá tiempo para el Honoris Causa. Hace unos días la presidenta de la Comunidad de Madrid dio una rueda de prensa. Iba desnuda, solamente ataviada con una hoja de papel que apenas le daba para taparse las vergüenzas. La levantaba a la vez que su voz mientras se iba dando la razón a sí misma señalando el sello de una universidad pública bajo las supuestas firmas de tres catedráticos. Convencida de que el papel lo aguanta todo se jactaba ante la concurrencia de ser superviviente de aludes, pero no era consciente que para entonces estaba ya bajo toneladas de indicios que ponían más que en entredicho su experiencia académica, y de paso, su credibilidad. Quizá lo fácil hubiese sido pedir perdón, haber reconocido que lo que era un prestigioso máster por la mañana se había transformado en unos simples “estudios en…” por la tarde. La magnífica táctica del currículum menguante. Un rato después todo se hubiese tapado con cualquier otra chorrada viral del día y nadie hubiese recordado si alguna vez estudió algo. Con su obstinada actitud lo único que ha conseguido es llevar quince días siendo estrella de memes en cadenas de WhatsApp y quien sabe si lanzar una prometedora carrera política de cabeza por un terraplén. Por otro lado, estoy seguro que muchos de los que hoy se sienten escandalizados por este tema pertenecen al sesenta por ciento que no vio mal inflar sus datos académicos o su experiencia laboral en alguna ocasión. El voto ético en España es residual. Actuamos como hooligans del partido político de turno defendiendo sus colores como si un club de fútbol se tratase. La clase política no es sino un reflejo de sus votantes. Esto es así para bien o para mal. Quizá demasiadas veces para mal. El problema del todo vale viene cuando te pillan en mitad de la trampa, ese incómodo momento en que el entrevistador te pide que recites un soneto de Shakespeare y en tu curriculum inventado pone “Inglés nivel medio”.

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