Publicado: vie, Feb 16th, 2018

Cuentos de Invierno de Farramuntana: Calores en el año del Cólera (Fragmento de ‘Ribereños’) [ I ]

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Carlos no lo pensó dos veces y a los pocos días fue a visitar a Marcial en su casa junto al río Tajo. Los Guardas del Patrimonio tenían las raíces en los fusileros guardabosques creados por Carlos III para custodia de los Reales Sitios, protección al Rey en expediciones de caza y persecución del bandolerismo. Se les exigía altura superior a la media, buenas costumbres y conocimiento del terreno. Todo esto lo cumplía Calores con creces. Y le interesaban mucho las compensaciones del cargo: buena paga, privilegios, como el de una vivienda, entrada gratis para las corridas y algunas exenciones. Aunque en aquellos tiempos, por evolución que resulta natural en nuestro país, las condiciones eran ya peores que las de la primera etapa del Cuerpo. – Buenos días Marcial. Vengo a verle por lo que me dijo la otra tarde en los toros. Sin compromiso: si hay una posibilidad de entrar en el Patrimonio yo estoy más que dispuesto. – Carlos, lo prometido es deuda, y en este caso tengo mucho gusto en echarte una mano, que nunca compensará la que me tendiste tú. De momento empezarás como ayudante de Guarda porque tu edad es aún temprana, pero ya podrás lucir uniforme. ¿Sabes leer y escribir? – Leer bastante y escribir un poco – respondió Calores a la vez que se sonrojaba – gracias a lo que me ha enseñado el cura de Alpajés. – Bastará con eso. El caso es que puedas anotar unas líneas si hay que formalizar alguna denuncia a un furtivo, por ejemplo. Pero como irás acompañado de un Guarda, él te ayudará. De momento cobrarás tres reales al día. No es mucho, pero para un muchacho soltero tampoco es moco de pavo. Luego, cuando asciendas a Guarda, ya hablaremos de una paga más sustanciosa. Pero hay una ventaja mucho más importante: sirviendo en el Patrimonio te libras de hacer el Servicio Militar. Con los tiempos que corren eso significa que te salvas de ir tres años a alguna de las colonias, a pegar tiros o a que te los peguen a ti. A Carlos se le pusieron los ojos como platos a la vez que se le quedaba la boca abierta. Como era de procedencia modesta, él no hubiese podido comprar a algún pobre para que hiciese la mili en su nombre, cosa que solían hacer los jóvenes de buena familia en el pueblo. Mientras pensaba en ello, miraba embobado el uniforme de Marcial que estaba en una silla. El sombrero de ala ancha, doblada en un lado, que lucía escarapela nacional en el otro; los gruesos botones brillantes en la chaqueta, la banda de cuero con escudo…y la escopeta. Sin duda buenísima protección para el frío del invierno del clima continental de Aranjuez, pero también demasiada tela para el verano caluroso y húmedo del pueblo. Y más para Calores. Pero ¿a quién le importaba eso? Él se imaginaba hecho un figurín paseando por los parques y sonriendo a las mozas que pasasen por el otro lado de la reja. También se veía ya imponiendo el orden y tirando de las orejas a algún atrevido intruso en el Jardín del Príncipe, tras haberle requisado un faisán. Marcial le miró y adivinando sus pensamientos, le dijo sonriendo: – Carlos, con tu buena planta no cabe duda de que serás un excelente Guarda. Y quien sabe, si, yendo todo bien, algún día no muy lejano, porque yo ya estoy mayor, heredarás mi cargo. Este suele traspasarse de padres a hijos, siempre que la herencia mantenga el físico necesario, y puesto que Marisa y yo no tenemos descendencia estaríamos muy contentos de que así ocurriese. En este punto, aunque no parecía posible, los ojos y la boca de Carlos se abrieron más mientras en su ensueño se creía ya titular de la plaza montada. Era el no va más: un caballo combinado con el uniforme y su estampa podían hacer la competencia a un tal Narciso, que según decían algunos tenía una estatua dentro del Jardín. Viendo los claros síntomas de ensoñación de Carlos, Marcial, que seguía leyéndole la mente debido a una profunda experiencia en el conocimiento del ser humano, derivada del ejercicio de su cargo, le dijo: – Hay una cosa que no debes olvidar nunca y que tiene que pasar por delante de tus propios deseos. Dos mandamientos son los más importantes en el Credo de un Guarda de Patrimonio: el primero “Perdonar con gallardía”. A ti la gallardía te sobra, pero el perdonar de verdad, sin reproches después, sin recordar lo que pasó cuando ya se ha perdonado, no siempre es fácil y hay que aprender a hacerlo. Y el segundo “Exigir con humildad”. Tampoco es tarea simple ser humilde cuando uno tiene de su lado la ley, el poder, la fuerza personal y hasta la escopeta; pero es indispensable para no convertirse en un tirano, que es la peor cosa que una persona puede ser. Profundamente conmovido por estas palabras, Carlos cerró primero la sorprendida boca y después sonriendo le dio un fuerte un abrazo a Marcial. – Bueno, bueno, que no es para tanto – dijo riendo el Sobreguarda – por cierto, ¿sabes nadar? – Eso, como el que más. Si conviene desde aquí hasta Toledo – bravuconeó Carlos. – Pues tampoco hará falta ir tan lejos. Tenemos el río muy cerca, así que vamos a darnos un chapuzón mientras Marisa nos prepara una buena liebre escabechada. Le añade pacanas de las que recojo en el Jardín y queda magnífica. El vino que bebo ya lo conoces del otro día – dijo Marcial guiñando un ojo a Carlos. Se quitaron la mayoría de la ropa y entraron despacio en el cauce del Tajo. Mientras braceaban en su seno, el Sobreguarda le contaba a su pupilo: – Así es, más o menos la vida. Un río que te lleva, junto con tus propios esfuerzos para llegar a algún punto. La suma de las dos fuerzas es la que determina el resultado. A lo largo de los años vas cambiando, o no, de objetivo. Ahora quiero ir hacia allí, ahora hacia allá. Vamos haciendo zigzag y el punto final queda siempre por determinar. Los más suertudos aciertan con el paraíso en un punto de la orilla en un momento precoz de su vida, y se quedan en él. Otros van dando bandazos y se agotan con la búsqueda. Algunos hacen el muerto y se dejan llevar durante toda su existencia. Pero el secreto está, simplemente, en disfrutar nadando.

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- Diseñador gráfico del Semanario MÁS.

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