Publicado: Vie, Ene 19th, 2018

Descenso a las calderas del infierno

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A tenor por lo que nos habían contado sobre lo que nos íbamos a encontrar allá abajo, uno esperaba, casi, que lo recibiera el mismísmo Pedro Botero. Nada más lejos de la realidad, en el sótano de la piscina de Las Olivas nos aguardaba el Encargado de Mantenimiento de la Delegación de Deportes, Rafael Coso. Él nos hizo de particular Virgilio en este descenso singular a las calderas del infierno, en el que no faltaron tubos de gas podridos…

[ José Á. Rodríguez. MÁS ] Las calderas de la piscina del complejo deportivo de Las Olivas han criado fama en los últimos tiempos. Mala fama. Los usuarios y los trabajadores de este polideportivo son los principales testigos de cómo los sistemas de calefacción ambiental y de climatización del agua -de las piscinas y de los servicios de ducha- han fallado en múltiples ocasiones dejando al público helado primero y enfadado después. Las quejas de los bañistas de a pie, de los padres de los niños de la Escuela Municipal de Natación y de los miembros de las entidades deportivas que allí entrenan –el Club Natación Aranjuez- o desarrollan sus actividades de formación -Mundo Acuático Aranjuez- se han ido acumulando sin que muchas de las veces se diera una correcta explicación de por qué se había llegado a este punto. Un punto sin retorno que sobrevino el pasado día 13 de diciembre cuando hubo de cerrarse por la acumulación de desperfectos y averías que hacían inviable el uso de la instalación. Así pues, cerrojazo, disculpas, bonificación en las cuotas y puesta en marcha una batería de reformas que aún hoy continúan. El delegado de Deportes, Oscar Blanco, que es miembro de la comitiva que guía Rafael, nos explica que “la propuesta de gasto se hizo el pasado 28 de noviembre y, al tratarse de un sistema de calefacción especial, las obras no pudieron comenzar hasta el pasado lunes 11 de diciembre, aunque el grueso de las mismas no comenzaron hasta el siguiente fin de semana, en que la piscina se cerró debido al apagado completo del sistema”. Con la piscina funcionando a medio gas –perdón por la torpe broma- el recinto siguió abierto en las horas centrales del día bajo el laxo criterio de “siempre que la temperatura lo permita”. Con una calefacción operativa al 85%, se decidió dar las vacaciones a la Escuela Municipal y no cobrar las cuotas del mes de diciembre mientras que a los socios de Las Olivas se les cargó el 50%, ya que el resto de servicios sí estuvo abierto.

Llegó la hora de remangarse…

Mientras se elaboraba el informe técnico para ver por dónde se podía hincar el diente a tan duro hueso de roer, los trabajos de mejora en la piscina habían comenzado tres meses antes en otras parcelas igualmente urgentes de resolver. En septiembre se comprobó que el suelo y las paredes del vaso grande presentaban un aspecto lamentable por la carencia de baldosas en el fondo. “Así que colocamos varios metros cuadrados de baldosas nuevas y se echó una lechada de cemento blanco a las dos piscinas en sus suelos y paredes”, expone Rafael Coso. La actuación incluyó la reparación de baldosas en la zona de playa de ambas piscinas y la limpieza a fondo del conjunto con productos químicos específicos. “Además hicimos mantenimientos reparación, limpieza y pintura en los vestuarios y en las salas de calderas y de depuración”, añade el Encargado.

… y de descender al infierno

Parcheando como se puede ante cada nuevo fallo del sistema y ante el fadítico día 13, no hay otra alternativa que emprender una profunda revisión y reforma hasta donde llegue el presupuesto, porque la avería es cara. Muy cara. Bajamos la escalera hacia el húmedo sótano y allí, en aquel búnker de hormigón en semipenumbra, huele a humedad, se oyen las salpicaduras de gotas que no se ven y se aprecia un buen charco en uno de los pasillos. Dando de lado al improvisado almacén de tablas, bicicletas estáticas y baldosines que se acumulan –ordenados, eso sí- junto a las paredes, vemos destripado sobre una mesa al robot limpiafondos que un día, lejano ya, ejercía su función unos metros más arriba. La visión del aparato con sus circuitos al aire sobre una mesa recuerda a una autopsia. Imaginaciones fruto del ambiente, al parecer. “Hay mucha humedad, sí, pero se ha reducido bastante gracias a lo que hemos recubierto en las paredes que evitan que chorreasen como antes”, cuenta Rafael al tiempo que señala las chorreaduras blanquecinas que parten de las tuberías adosadas al muro y que caen hacia unos cubos de plástico. Entramos en la sala de las bombas, que no se si se llama así pero que a los comunes nos vale. “Hemos cambiado las bombas gemelas de recirculación del agua de climatización por unas nuevas. En total ocho bombas”, prosigue nuestro cicerone. “Las viejas tenían bastantes fugas de agua, lo que suponía bastantes pérdidas de calor en la caldera”. “La falta de mantenimiento anterior ha sido tal que en algún circuito faltaban bombas, funcionando sólo con una o con ninguna. Imagina el desastre porque si se llaman gemelas será por algo…”, ataja el concejal. “¿Y nadie, antes, durante o después de la gestión de la empresa concesionaria –Calidad Deportiva, CADE- había supervisado todo esto?”, pregunto. El ruido de las bombas funcionando tapa el incómodo silencio. Allí quedan arrinconadas, mudas testigos de su antigua misión, las bombas retiradas. Cerca quedan las calderas, que también han sufrido lo suyo a lo largo de los años. Una de ellas ha tenido que ser cambiada por completo y ha venido desde Italia. “Por sus características especiales no había en stock en España, así que se ha traído desde la fábrica”, dice Rafael. El montaje de la nueva caldera trajo sorpresa consigo. “Al montarla con el quemador de la anterior vimos que éste no funcionaba, ya que al haber estado trabajando con una fuga de agua se habían estropeado el filtro del gas, las sondas y el presostato”. “La caldera” –añade Blanco- “se ha estropeado por no haberla reparado en su día, lo que hubiera evitado todo este proceso y su coste”. “¿Coste? ¿De cuánto hablamos, concejal?”. Oscar Blanco no se moja en el asunto –perdón de nuevo por el chiste fácil- pero anuncia que el Ayuntamiento se va a personar en el concurso de acreedores que atraviesa CADE para reclamar “los trabajos realizados, los que quedan por hacer y los daños y perjuicios ocasionados”. Se estima que podrían alcanzar el millón de euros. La rehabilitación del sistema también ha abarcado el cambio de los intercambiadores para el calentamiento del agua (perforados y con pérdidas de agua y de calor). “Son especiales de titanio”, aclara Coso. Recorremos otra de las salas mientras que el Encargado va mostrando una maquinaria que al neófito –como es el caso del arriba firmante- se le hace tan extraña como la visión de un circuito eléctrico o de una resonancia magnética cerebral. “Aquí se han cambiado las válvulas de tres vías para regular la temperatura, porque las retiradas estaban gripadas y los filtros de aire para la máquina climatizadora”. Más notas, más fotos y nuevo cambio de escenario. “Otra reparación importante” –se explaya ahora Rafael- “ha sido el de la carga de refrigerante para los compresores de deshumectación de la piscina y de aceite en los calderines. No tenían nada de eso, con el riesgo de quemar los compresores. Todo por falta de revisión y de mantenimiento”. En su letanía de suma y sigue el Encargado detalla que “se han cambiado seis condensadores, que estaban viejos y perforados produciendo fugas de agua y calor, por unos nuevos de titanio que son especiales por su potencia calorífica”.

Los podridos tubos de gas

“Si lo que has visto te ha parecido poco, mira ahora esto”, me indica con una seña Oscar Blanco. Esto son trozos de unos tubos amarillos absolutamente podridos, o así los podría calificar, arrinconados hacia el camino del Punto Limpio. Su aspecto, amen de desagradable, es más bien inofensivo. “Son tuberías de gas” -dice el concejal- “y así han estado hasta que las hemos sustituido por otras nuevas”. “Pero entonces, ¿ha habido riesgo de explosión o algo similar?”, inquiero entre desconcertado y temeroso. El rostro muy serio de Oscar Blanco me hace pensar en lo peor… “Se han sustituido por la seguridad de los usuarios y de las propias instalaciones unos 15 metros del tubo de Gas Natural principal, en estado lamentable por oxidación debido a la condensación y a las goteras del techo y al no estar debidamente ni pintado ni protegido”, asevera fríamente, como si tal cosa, Rafael. Comparando las dos fotos, uno, al menos, está algo más tranquilo…

Cuadros eléctricos de miedo

Si los tubos daban pavor verlos, los cuadros eléctricos que aún restan por reparar dan escalofríos. “Antes se manipularon a su antojo dejándolo todo en muy mal estado, así que nos ha tocado reparar el cuadro eléctrico y de mando de la máquina de deshumectación cambiando contadores, relés, diferenciales y cableado”. También han sido transformados los paneles de control automáticos de cloro y del PH, ya que “estaban desconectados y con el cableado deshecho, por lo que la empresa ha trabajado manualmente con las bombas dosificadoras”, comenta el delegado.

Tuberías atascadas y desplome de un techo

Estamos ahora en otra dependencia en la que se acumula en el suelo un montón de lo que a primera vista parece una pasta blanca endurecida. “Eso que ves ahí es lo que sacamos del desatasco en la zona de sótano de las tuberías de los baños y de los servicios de los vestuarios de la piscina, que estaban obstruidos el 50% del diámetro de los desagües debido a que se han vertido materiales de construcción por los servicios”, así que hubo que cortar y empalmar tuberías. Unas tuberías que por su deficiente circulación hicieron que se inundara el falso techo del vestuario femenino de la piscina, provocando su desplome afortunadamente cuando no había nadie en la habitación, zona en reparación. Desde allí abandonamos el recinto infernal y ascendemos, círculo a círculo como el Dante, hacia el vestíbulo de Las Olivas. “Sabemos que, aunque se coloquen piezas nuevas, habrá nuevas averías que no darán la cara hasta que no se coloquen dichas piezas en funcionamiento pero seguimos trabajando para dar un buen servicio a los usuarios causando las mínimas molestias y en el menor tiempo posible”, concluye nuestro guía, Rafael Coso. “En breve se arreglará la calefacción de los vestuarios en el campo de fútbol, dotándola de un sistema separado, y que se aclimatará una de las salas de debajo de la grada del pabellón para usarla en actividades colectivas. Mientras tanto seguiremos reparando todo lo que vaya saliendo en la medida de nuestras posibilidades de personal y económicas, pidiendo disculpas a los usuarios afectados pero intentando que todo quede perfectamente”. “Como debería haber sido siempre”, remacha.

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- Diseñador gráfico del Semanario MÁS.

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