Publicado: Vie, Nov 10th, 2017

Diálogo entre un viejo y un joven escritor

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[ Enrique Hernán ] Dialogo entre un viejo vagabundo y el joven escritor Frederic Gronwin, en una plaza de Madrid, ubicada en la calle Alberto Aguilera. (Extracto de la novela ‘Maldita sociedad la nuestra’, de Enrique Hernán). —¿De dónde es usted, joven? —Me preguntó el viejo cómodo en el banco de piedra, como si me entrevistara para un puesto de trabajo. —De Buenos Aires. —Le respondí sin creérmelo del todo, ya que llevo tanto tiempo fuera. —Ah! Bonita ciudad, —me dijo mientras aparentemente pensaba en otra cosa. —¿La conoce? —Sí, pertenece a un extraño país. —¡¿Ha estado usted en Argentina? —Le interrogué estúpidamente sorprendido, como si fuera inverosímil que un sin techo pudiera tener un pasado. —Cuando era joven. Fui y volví en barco, mi estadía fue breve para mi gusto. Me hubiera encantado ser argentino, tienen tanto campo, tanto verde, tanto sur donde perderse. —¿Cómo? ¿Reniega usted de su patria entonces? — pregunté absurdamente, con un ligero y absurdo escozor nacionalista, medio en broma, medio en serio. Fue simplemente un comentario a tono de gracia, para aliviar un poco sus tensiones y distraerlo. El Viejo me respondió con tranquilidad: —Hace mucho tiempo que dejé de pensar en esos términos, en engaños de uso privado. ¿Qué es ser argentino? ¿Qué es ser español? ¿Hacer honor a la tortilla, a los toros? ¿Recordar los goles de Kempes, el asado de tira? —Tener ascendencia, padecer la idiosincrasia propia de… –me apresuré a defender. —Eso lo da la costumbre, joven, lo da la costumbre. Lo demás es cuento. Nacer, hay que nacer en algún lugar, ¿no? Con esto de la globalización… –A menudo el Viejo se traba al hablar, le cuesta tomar carrerilla o continuar una frase, pero prefiero no transcribirte sus tartamudeos propios de la edad, aunque no son pocos, a veces incómodos—. Hablar, en algún idioma tendremos que hablar, algún acento forastero será curioso para el que vive a kilómetros de distancia. No confíe en patrias, hijo, en este juego humano de hoy no hay tales cosas, incluso me atrevería a decir que nunca las hubo, sólo existen para los pobres. Cuando eres un niño tu patria son tus padres, tu familia, estén donde estén. Luego ampliamos el concepto de Patria al territorio, en el colegio, donde nos enseñan el amor a la bandera y el Himno que nos representa; unos colores, una canción… Este sistema que nos gobierna sólo está cimentado de intereses y peones, nada más. No se olvide de eso. —Es triste lo que dice. —Sin embargo, me pareció que se respiraba una especie de demencia colectiva altamente contagiosa en Buenos Aires, y nunca pude quitarme el recuerdo, sobre esa colosal ciudad, de que me pareció haber visitado un país rodeado de provincias. Sé que esto puede resultarle duro o incómodo, no lo digo en un mal sentido; sospecho que mi memoria está contaminada por una larga y continuada ausencia y muchas cosas habrán cambiado. Cuando los recuerdos son cada vez más lejanos, hijo, parecen fábulas de otra persona. ¿Se ha dado usted cuenta? No, es muy joven para ello…

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- Diseñador gráfico del Semanario MÁS.

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