Publicado: Vie, Oct 20th, 2017

Morir, ¿un derecho?

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[ Héctor Anabitarte ] Morir, ¿un derecho? La sociedad del siglo XXI se enfrenta a desafíos de una enorme importancia, entre ellos, el cambio climático que, finalmente, puede hacer imposible la vida en este planeta. Parece que esta catástrofe, todavía, se puede evitar o, al menos, postergar. Resulta llamativo que en todas las viejas civilizaciones esté presente de una manera u otra el fin del mundo: ¿intuitivos? Esta columna pretende referirse a la muerte, a la muerte individual, inevitable e instransferible, un acontecimiento, tan definitivo como inquietante, que obliga a encontrar una respuesta, consoladora o no. Una señora mayor, 90 años bien llevados, que conserva una excelente memoria, le pregunta a un hijo, ¿tu crees que hay algo después de morir? Sabe que su hijo no es creyente. La respuesta es la siguiente: mamá unos dicen que hay algo, otros dicen que nada y agrega que todos dejamos una huella, que todo lo que existe está condenado a existir. La señora vuelve a la cocina sonriendo. Reza todos los días, en casa, porque como Dios está en todas partes… Otra anécdota: una señora muy mayor está viviendo sus últimos días, el sacerdote del pueblo la visita: Te conozco, tu vas al cielo directamente, le dice consolador. La mujer susurra, sin ánimo de molestar: Como en casa en ningún lugar. En las últimas décadas eso de morirse se complicó. ¿Se trata de un derecho? En esta polémica no falta nadie: las autoridades del Estado, el mundo sanitario, las religiones, etc. ¡Qué menos!, ¿quién no se muere? Y las ideologías se hacen presente inclusive en los paquetes de cigarrillos: “Deje de fumar: siga vivo para sus seres queridos”. ¿Por qué? En la parada del autobús un anciano, sentado, acompañado por un bastón, fuma clandestinadamente, como un adolescente que fumara un porro. Un vecino, que lo conoce, pasa y le dice tendríamos que fumar menos, simpático, se incluye. El fumador no dice nada. Unos días después murió. Qué sentido puede tener si al final de la vida hay que prohibirse de fumar, de beber unos vinos. Una señora está a régimen: presión alta, su hija le hace “verduritas”; la señora, criada en Guipuzcoa, coge el plato y tira la comida por el inodoro, y exige lentejas con chorizo, que es lo que está comiendo el resto de la familia. Comió dos platos. Esa noche murió. El derecho a morir debería dejar de ser un tabú. En 1986 la ley de sanidad reconoció el derecho del enfermo a negarse a un tratamiento, en 1995 se disminuyeron las penas por suicidio asistido y eutanasia. Cuatro años después se estrenó la película “Mar adentro”, de Alejandro Aménabar, sobre la muerte de Ramón Sampedro, que conmocionó a la sociedad. Actualmente en el Congreso de los Diputados se está tratando lo que se llama muerte digna, que contempla que dicha decisión la tiene que tomar el enfermo sin intervención de los médicos. Y algo muy significativo, en noviembre, se realizará en el Vaticano, convocado por el Papa, un primer congreso para tratar, entre otros temas, el suicidio asistido. Afortunadamente, hoy por hoy, el sufrimiento, el dolor, no goza del prestigio que tuvo en otras épocas.

Sobre el Autor

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- Sindicalista, periodista, escritor y activista social. Vive en Aranjuez desde 2001. Es autor de varios libros y ensayos. Como periodista ha desarrollado su labor en Buenos Aires, Madrid, Barcelona, San Sebastián y Aranjuez. Participa activamente en la asociación de inmigrantes Hombro con Hombro.

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