Publicado: Vie, Oct 6th, 2017

‘Manchegos en el Real Sitio’

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[ FARAMUNTANA ] Hace medio año, aproximadamente, exploré La Mancha sin tiempo para el descanso, como un bosquimano ibérico, buscando raíces que me alimentasen el alma para poder modelar un nuevo libro. Las carreteras por las que pasé, compuestas de largas rectas trazadas con tiralíneas, eran solitarias. Las perdices andaban por ellas como Pedro por su casa y uno esperaba ver aparecer después de alguna curva al mismísimo Alonso Quijano. Los molinos estaban en todo caso ahí, esperándole también. Aunque en estos tiempos sean aún más grandes y no muelan grano. Ahora destilan electrones con ayuda del aire y serían letales para el caballero andante en caso de un encuentro en buena lid. Pueblo tras pueblo, pasé por rincones en los que se adivinaban las musas. Algunos se quedaron prendidos en la retina electrónica que siempre me acompaña y después los despojé del color para que este no me distrajese de los detalles. Ahora están al inicio de cada historia. Porque aquí nos presentamos finalmente “Manchegos en el Real Sitio” y un servidor. El libro está dedicado en primer lugar a mi padre, que es el que me trasmitió las raíces manchegas. Después a toda mi familia paterna. En especial, como cito en el libro a algunas personas que me han ayudado con sus preciosos recuerdos. Indispensables mis tías Justa, Bea y Paquita. Y finalmente a todos los Terinchosos, los manchegos del campo de Montiel y a los Ribereños, como no podría ser de otra manera. “Manchegos en el Real Sitio” está compuesto de cuentos encadenados que hablan de los primeros pobladores de los dos lugares que dan título al libro, de los distintos invasores que pasaron por ellos, cartagineses, romanos, árabes…y también sobre bandoleros, esquiladores, arrieros, romerías y otras muchas costumbres de los pueblos que duermen bajo las sierras, así como relatos de una emigración que casi siempre ha sido inevitable. Con ayuda de todo ello, explico a la vez la historia de mi saga paterna: los Rodríguez de Terrinches, que acabaron residiendo en Aranjuez. Como citaba en “Ribereños”: Si quieres comprenderte, pregúntale a quien mejor te conoce: tu pasado. No el que tan solo retorna a tu nacimiento, sino aquel que se remonta hasta donde seas capaz de llegar. Cada uno de nosotros dispone de una colección de recuerdos, propios o familiares, vividos o adquiridos con la escucha, que no son sino un rompecabezas incompleto. Hay que procurar buscar las piezas que faltan, hablar con familiares y amigos, recuperar hechos ya olvidados e investigar nuestros orígenes con los infinitos medios que las nuevas tecnologías ponen a nuestro alcance, para llegar a concluir la imagen, que no es otra que la de nosotros mismos. Poner después por escrito el resultado, es el mejor legado que podemos dejar a aquellos que tendrán que completar un día su propio rompecabezas utilizando algunas piezas del nuestro. Con este libro he completado esa búsqueda. En él se mezclan, con precisión culinaria pero también a causa de ineludibles circunstancias, las memorias noveladas y la ficción potencialmente histórica. El objetivo es lograr un plato que no sea soso ni se pase de sal. Algunas partes se corresponden con los retazos del devenir de la familia Rodríguez, que he podido rescatar entre los recuerdos de personas imprescindibles. Desgraciadamente, muchos a los que querría consultar ya no están entre nosotros. Otros pasajes son fruto de la documentación, aderezada con imaginación y respetando siempre tiempos y detalles. A eso se le puede llamar “algo que podría haber sucedido”. Con esa licencia me atrevo a llegar hasta los confines más lejanos de la saga de mi familia paterna. Sé bien que habrá quien se rasgue las vestiduras, pero todos somos conscientes de que las mejores obras se basan en lo soñado. ¿Qué hubiese sido de nuestro universal Quijote, si los ortodoxos de la época hubiesen reprochado a Cervantes que Alonso Quijano no existió? La portada del libro es un canto a ese tipo de sueños. El maridaje con un vino acorde con el contenido y los matices de la obra, se ha convertido también en algo imprescindible. Puesto que el libro muestra dos escenarios, tenían que ser dos caldos, uno de La Mancha y otro de Madrid, ambos muy especiales. 500 Arrobas de Infantes, César en particular, y Laguna de Villaconejos (Alma de Valdeguerra) los producen. Son creaciones de gran personalidad y potencia, capaces de constituir, por sí mismas y en conjunción con Manchegos en el Real Sitio, la cura para las heridas que nos provoca este implacable mundo. Los tres nos darán fuerzas para retomar la batalla cotidiana. Os invito a todos a la presentación que tendrá lugar el próximo martes 10 de Octubre, a las 19.30, en el Aula 17 del Centro Cultural Isabel de Farnesio de Aranjuez. Durante la misma podréis conocer más detalles de esta obra y de los vinos que la acompañan.

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Diseñador gráfico del Semanario MÁS.

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