Publicado: Vie, Sep 8th, 2017

Emperadores

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[ Héctor Anabitarte ] Hace algunas generaciones, los mayores, casi todos, vivían con sus hijos y, naturalmente, con sus nietos, transmitiendo una serie de costumbres y valores. Dependían de sus hijos e hijas y no eran económicamente independientes. Sus espectativas de vida eran otras. Hoy ser mayor es muy distinto. No resulta excepcional poder cumplir noventa años y soplar las velas. El escenario ha cambiado y los mayores cumplen un papel muy diferente. Gracias a las pensiones y a que están bastante bien de salud, millones de ellos en España ayudan económicamente a hijos y nietos y la crisis, además, los ha convertido en verdaderas guarderías. Basta ver a la salida de las escuelas quienes esperan a los pequeños. Y está mal visto quejarse: los quieren mucho, ¿no podría ser de otra manera?, y disimulan achaques y no hablan de lo que se privan para mantenerlos. Según Mensajeros de la Paz, 8 de cada 10 españoles, afirman que sin la ayuda de los abuelos no podrían sostenerse. El país se paralizaría, además, si esta gigantesca mano de obra invisible se declarara en huelga, algo imposible, porque la culpa los mataría; están secuestrados. Hacienda debería establecer desgravaciones fiscales para este “ejército de salvación”. Sus esfuerzos son voluntarios pero innegables: sólo en la intimidad dirán: “estoy hasta el gorro, hasta el moño”. Y los que les molesta particularmente es ser llamados dos horas antes para que se ocupen de las criaturas, que los padres consideren que no están ocupados, aunque estos mayores no sólo se dedican a ver la televisión. No pocas veces tienen una vida social entretenida, algunos hacen cursos que nunca tuvieron la oportunidad de realizar, otros caminan porque así el médico lo aconsejó, otros se reunen en un bar y disimulan las ausencias que se van produciendo… Hace unos días, en los medios, se habló de un síndrome, el síndrome de ‘Emperador’. Se refería a los niños con una conducta incontrolable, que se creen con el derecho a exigir lo que se les ocurra. Se trata de menores que han vivido “sin padres”, padres que han visto sólo cuando ya les habían puesto el pijama; y la culpa lleva a decirles a todo que sí. Hay un caso de un niño de once años que tiró el móvil contra la pared, un móvil que costaba 900 euros; la madre le dió una cachetada y este “emperador” la denunció, manipulado por un papá que vive en otra casa, posiblemente con otra pareja. Se recoge lo que se siembra. La presencia de abuelos, acompañando, educando, estando presente, está evitando muchos “emperadores”. En estos casos la patria potestad habría que repartirla, los mayores tendrían el derecho legal a decidir sobre la vida de estos menores que están custodiando. Y escribiendo sobre los mayores es ya habitual que en los medios se publique el maltrato que suelen padecer; y no se trataría de casos excepcionales. El Código Civil señala las siguientes causas para desheredar a los descendientes: haber negado sin motivo los alimentos al padre o madre y haberles maltratado de obra o injuriado gravemente de palabra. Y los mayores están… amenazados. Hace un par de años un ministro japonés, Taro Aso, pidió a los ancianos del país que “se den prisa en morir”. Gastan mucho en su salud… Una película japonesa, ‘La balada de Narayama’, cuenta que en una aldea muy pobre, los ancianos que llegaban a los 70 años, sus hijos los llevaban a una montaña para que pudieran de hambre y de frío. Aso seguro que vió esa película, y los del FMI, también.

Sobre el Autor

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- Sindicalista, periodista, escritor y activista social. Vive en Aranjuez desde 2001. Es autor de varios libros y ensayos. Como periodista ha desarrollado su labor en Buenos Aires, Madrid, Barcelona, San Sebastián y Aranjuez. Participa activamente en la asociación de inmigrantes Hombro con Hombro.

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