Publicado: Vie, Sep 1st, 2017

Los Relatos de Verano de Farramuntana. Godoy [y II ]

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Leyó varias páginas. El Marqués de T., Lancaster, Pignatelly, el Guardia Ortiz, su propio hermano… todos los queridos previos figuraban en los capítulos de aquella biografía íntima. En Francia la llamaban la “Mesalina” de su siglo y la suponían aquejada de un furor que ni la edad ni los excesos podían calmar. Y finalmente, de rebote, le tocó a él. A base de hacer de mensajero para Luis, acabó heredando su posición de consuelo para la reina. Los cuchicheos en Palacio decían “de mamporrero a semental en poco tiempo”. Los motivos de su ascenso: despecho, aburrimiento, curiosidad, vicio, lo que fuese. De resultas de esa elección ahora acumulaba todos los cargos y la confianza del Rey. ¡Pobre Carlos! En el fondo le daba tanta pena. Recordó aquel día en que el Rey se sinceró y le explicó sus amores de juventud. El monarca todavía disfrutaba rememorando a la pastora a la que hacía llevar a su cama disfrazada de Abate. Pepita. Los ojos se le iluminaban al decir su nombre. Pero su padre, el gran cabrón, como él decía, la apartó de su lado para unirle con una prima. Esa de la que le enseñaron primero retratos trucados, para luego mostrarle la cruda realidad. Más tarde, estaban desayunando chocolate una mañana, ya casados, cuando el entonces príncipe sintió que la amarga bebida era como el cáliz que le tocaba apurar con ese matrimonio. Hastiado por la situación, solo se le ocurrió tirar el líquido caliente sobre el pecho de María Luisa. La rabieta le valió un arresto en su habitación y la reprimenda de su padre. Pero ella sacó tajada de la escena, y ganó la admiración de la corte entera al pedir el perdón para su marido. La inteligencia de aquel adefesio les daba a todos sopas con ondas. Subyugar a Carlos fue muy fácil para Manuel, no solo gracias a la ayuda de la Reina. A aquel le gustaba dedicarse a sus relojes y vivir tranquilamente, lejos de cualquier preocupación. En consecuencia, aborrecía a los que se presentaban ante él con problemas. Era además impaciente y ansioso. Bastó con hacerle sentir que todo era simple y fácil, para que delegase con placer el poder completo en el antiguo Guardia. Se convirtió así en su amigo, el único. Volvió al libro. No podía sentir celos de esos que se citaban como sus predecesores. En eso se parecía al propio monarca. La reina era tan poco atractiva, que hacía imposible enamoramiento alguno. Solo contaba el provecho mutuo, quid pro quo, porque las ventajas de la relación superaban con creces a los inconvenientes. Como el que producían los dos curas que le espiaban continuamente, en nombre de la posesiva soberana. Le daban risa. Pero esta vida tan rápida estaba dejando trazas en su cuerpo. Con solo veintisiete años ya sentía la espalda curvada por el peso de tanta responsabilidad y caminaba con la cabeza gacha todo el tiempo. Estaba absolutamente solo con dicha carga. La había aceptado para librar de ella al perezoso monarca. También asumía el fardo que era María Luisa. Y el país entero. Más adelante tendría que pensar en un matrimonio adecuado. No le había explicado a nadie sus últimas ambiciones, pero el siguiente paso, tras estar tan cerca del trono, era obvio. Mientras tanto, varios genealogistas trabajaban para construir mejores cimientos de su nombre. Ya le habían emparentado con las casas de Stuart y Baviera, y encontrado pruebas de su descendencia de la realeza de Portugal, lo que cuadraba bien con su procedencia de Badajoz y el origen de su madre. Otras ramificaciones ilustres y más profundas, le asociaban con los antiguos reyes godos. Algunos aduladores le habían propuesto incluso conexiones imposibles o ridículas. Tenía que filtrar la exageración, limitarse a ocho grados de nobleza sin corte, y una pizca de sangre real. Con eso bastaría. Otra actividad que no había descuidado era la confección de sus memorias. No se veía escribiéndolas a toda prisa cuando la vejez amenazase con interrumpir la redacción de las mismas. Por lo tanto, llevaba elaborado hasta el momento medio tomo sobre sus andanzas. La historia juzga a todos, pero es mucho mejor si uno mismo le echa una mano con argumentos propicios para el juicio. Le ayudaba en el esfuerzo un escritor a sueldo que aportaba la lógica, la arquitectura y el verbo al escrito. Manuel no tenía la capacidad necesaria para ocuparse de esas labores que consideraba menudencias. Al fin y al cabo, él se dedicaba a crear la historia. El hecho de que la dibujase otro, era lo de menos. Cuando las cosas van tan bien, solo cabe esperar algún desastre. Se lo había dicho su padre cientos de veces. Por eso era necesario tomar decisiones pensando en el futuro y en todas sus variantes posibles. En consecuencia, había tenido que oponerse a Aranda en el consejo de estado. El vejete cabezón, sarcástico y progresista le había servido y mucho, para echar a Floridablanca. Además, esta vez tenía razón. Intentar la paz con Francia en el momento actual era lo más prudente. Pero ¿qué mensaje enviarían al populacho con ello? Sería algo así como aceptar la idea de la República e invitar a sus paisanos a instalar la guillotina. A Carlos no le gustaba la idea. A María Luisa menos aún, porque ya se veía en la situación de María Antonieta. Y a él no le convenía llevarles la contraria. Después de destrozar los argumentos del Conde y acusarle de colaboracionismo con los vecinos, propuso al rey que lo desterrase a Granada, encerrándolo en la fortaleza de la Alhambra. Ya llegaría el momento de negociar la interrupción de las hostilidades, quién sabe si en condiciones mucho más apremiantes. Cuando no cupiese más remedio, él se encargaría de conseguirlo. Quizá podría entonces añadir otro título a la larga lista de sus blasones: “Príncipe de la Paz”, por ejemplo. Sonaba muy bien. Bibliografía Histoire de la guerre de la péninsule sous Napoléon. Général Foy. Paris, Badouin frères éditeurs, 1827. Godoy à l’apogée de sa toute puissance. Weil, Maurice-Henri (1845-1924). Cdt Weil . Madrid, Imprenta G. Hernández, 1870. Vie politique de Marie-Louise de Parme, reine d’Espagne. Anónimo. Paris, 1893. Revue espagnole et portugaise. Don Manuel Godoy, Prince de la Paix. 1857. Souvenirs diplomatiques de lord Holland. Barón Henry Richard Vassall Foxbaron. Pommerel et Moreau éditeurs. Paris, 1851. Mélanges sur la vie privée et publique du marquis de Labrador, écrits par lui-même. Pedro Gómez Havela. Thunot. Paris 1849. Histoire de l’Espagne : depuis la mort de Charles III jusqu’à nos jours. H. Reynald. Librairie Germer, Paris 1873. Cuenta dada de su vida política por Don Manuel Godoy Príncipe de la Paz o sean memorias críticas y apologéticas para la historia del reinado del señor D. Carlos IV de Borbón (1836).

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