Publicado: Vie, Jun 30th, 2017

La chispa adecuada

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[ Pako Segura ] Todo arde. Edificios de apartamentos londinenses, montes portugueses y parte del Parque natural de Doñana. Bajo la ola de calor arden los ánimos, las miradas de quien lo perdió todo, arden los discursos de los gobernantes y también las redes con sesudas teorías de la conspiración sobre gaseoductos y pelotazos urbanísticos. Pero para que algo se queme primero debe haber una chispa que lo encienda. En el caso de Londres para ahorrarse seis mil euros en un revestimiento ignífugo, forraron el edificio con algo más económico y combustible. Al parecer quienes iban a habitar esas viviendas baratas no eran merecedores de unos requisitos mínimos de seguridad. La cifra de muertos ni siquiera está contrastada porque aquello ardió con tal rabia que dejó la mayoría de los cuerpos imposibles de identificar. Quizá lo provocase un cortocircuito en un frigorífico o quizá pueda atribuirse a aquel que miró hacia otro lado antes de firmar un permiso de habitabilidad a una tea. La carretera EN-236 entre Pedrógão Grande, Góis y Castanheira de Pêra fue una trampa mortal para sesenta personas. Asfalto derretido, coches abrasados y vidas calcinadas. Un país estupefacto cuyas políticas de reforestación efectuadas por los distintos gobiernos consistieron en llenar los bosques de eucaliptos y pinos a mayor gloria de la industria de la madera. Fue culpa de un rayo, dicen. Después vino el viento, las temperaturas elevadas y la descoordinación de unos servicios de emergencia superados. Nadie pensó entonces en ese tipo al que un día le pareció buena idea plantar cerillas en el monte. Doñana también salió en llamas. El incendio ha sido en términos ecológicos de una gravedad extrema. Ha puesto en serio peligro una pieza medioambiental clave no solo en nuestro país, sino del planeta. Debemos como ciudadanos exigir legislación, prevención, vigilancia y recursos para proteger este patrimonio y otros parecidos. Las palabras del bombero forestal Ignacio Villaverde lo ilustran muy bien: “El fuego es parte de la naturaleza, como el viento y la lluvia. Y tenemos que aprender a convivir con él como se ha hecho durante miles de años. Esto significa que el fuego antes o después va a llegar. Por uno u otro motivo, pero va a llegar. Y para que cuando llegue no sea destructivo no es buena idea dejar los bosques a su aire, sin control.” Existe la naturaleza, los locos incendiarios o la avaricia desmedida, pero demasiadas veces la chispa que propaga las llamas en nuestros campos se origina desde un despacho donde algún inconsciente juega en aras de la austeridad a ser un pirómano.

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  1. avatar Julio Garna dice:

    Certero y alimento para la reflexión.
    Gracias Pako

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