Publicado: Vie, May 12th, 2017

Un Raso sin Estrella

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Durante varios años aquella zona había ido degradándose debido al deterioro del arbolado, el continuo aparcamiento de camiones y el incesante tránsito de vehículos. Además, El Raso de la Estrella se había convertido en un vertedero sin control, con construcciones muy primitivas sin legalizar y sin condiciones higiénicas ni sanitarias; las edificaciones estaban en ruinas y los cables de la luz eran un constante peligro debido a su precaria homologación llegando a enredarse entre los árboles, lo que podía provocar, incluso, incendios innecesarios. Los edificios históricos más relevantes, los cuarteles de las Guardias Walonas de la época de Carlos III, estaban en ruinas. Todas estas situaciones llevaron el entonces Ejecutivo a acometer unas obras que estuvieron precedidas por un Plan Director, avalado por un estudio histórico y unas directrices de ordenación e intervención que comprendían las cinco calles radiales al oeste de Palacio. El proyecto, además, pretendía acondicionar la zona para convertirla en recinto ferial ante la negativa de Patrimonio Nacional de seguir cediendo la plaza de La Mariblanca para el desarrollo de las fiestas locales. La obras se iniciaron con el derribo de la mayoría de las edificaciones que estaban en ruinas o en situación irregular, se eliminaron los vertidos sobre la zona, se limpió la maleza y se eliminó el cableado que colgaba de los árboles para enterrarlo al tiempo que se instalaban puntos de luz para garantizar el tránsito de personas en horas nocturnas.

Paralización de las obras

En agosto de ese mismo año, la Comunidad de Madrid, mediante la Dirección General de Patrimonio Histórico, presentó una denuncia contra el Ayuntamiento ribereño por “presuntos delitos contra el Patrimonio Histórico y desobediencia a la autoridad”. Por su parte, el entonces director general de Patrimonio Histórico, Javier Hernández, dictó una resolución en la que solicitaba la suspensión de las obras y exigía la reparación de los daños causados en la zona y su devolución al estado original. El documento anunciaba un expediente sancionador por presuntas infracciones graves. Además, la Comunidad de Madrid afirmó que las obras se habían iniciado sin la documentación necesaria y que el Comité Internacional de Monumentos y Sitios de España (ICOMOS) y la Academia de Bellas Artes de San Fernando habían presentado denuncias en ese mismo sentido. Las obras se paralizaron durante un tiempo pero el conflicto entre Ayuntamiento y Comunidad se fue subsanando gracias al diálogo y al sentido común. Se retiraron las querellas en los juzgados y se inició una época de colaboración. El 15 de diciembre de 2006, el diario ‘El País’ publicó una noticia en la que una fuente independiente aseguraba que “el conflicto se inició por un malentendido surgido de una trampa óptica que, en ocasiones, las extrañas leyes de la perspectiva ocasionan”. Se refería a la publicación de una fotografía en la que parecía que las casetas del recinto ferial estaban pegadas al Palacio Real, lo que provocó una cadena de críticas que llevaron a Patrimonio Histórico a solicitar la paralización. Sin embargo todo llegó a buen puerto y el entonces alcalde ribereño, Jesús Dionisio, y el director general de Patrimonio Histórico cerraron un acuerdo de colaboración que contemplaba la supervisión regional de las obras que el Ayuntamiento se comprometió a trazar en un nuevo proyecto.

Estudio Paisajístico

En enero de 2007, el Ayuntamiento de Aranjuez encargó al Grupo de Investigación ‘Paisaje Cultural’ un estudio paisajístico de El Raso de la Estrella, que contó con la colaboración de los arquitectos locales Julio Gómez y Javier Martínez-Atienza. El estudio debía evaluar el estado de la zona y establecer los criterios generales de actuación para la recuperación. El documento recogía la opinión de estos investigadores, que resumían que “si las permanencias del sitio hacen posible plantear su recuperación progresiva a medio plazo como un espacio abierto de índole histórica y de uso público, su posición obliga a ello”. Tres fueron las premisas que marcó ese estudio para abordar la obra: “volver a colocar El Raso en el imaginario colectivo con la instalación temporal del área ferial en dos de los tranzores al oeste del ámbito”, que proyectarían los citados arquitectos Gómez y Martínez-Atienza; “la reactivación mediante nuevos usos culturales, rehabilitando los Cuarteles de Guardias”, de la que se ocuparía el arquitecto internacional David Chipperfield; y “la reapertura del Raso hacia el oeste y el sur, conectando con la estación del ferrocarril, siendo factible a través de la prolongación de la calle Walonas”.

Programas de usos

El estudio concluía con un avance de propuestas sobre programas de usos que recogían visitas guiadas por el Palacio y sus alrededores, rutas de senderismo, la elaboración de un paisaje del agua con recorridos y actividades por los canales y lagos que formaban el conjunto o el desarrollo de circuitos en bicicleta o a caballo por parques y jardines, con picnic autorizado. El aspecto cultural también cobraba importancia ya que se proponía que los recintos de los palacios albergasen exposiciones de manera permanente; también se sugería la puesta en marcha de un museo de arte clásico, otro de diseño moderno, uno de cine, uno de tapices, otro de carruajes y otro municipal. En el aspecto cultural también se proponía la representación de espectáculos como un nocturno de luz y sonido o festivales de música de carácter temático, actividades de danza, teatrales o espectáculos pirotécnicos. En el estudio también se realzaba la parte educativa y recreativa con la inclusión de una academia de arte ecuestre, una escuela de arquitectura, un centro de estudios sobre los dominios del palacio y los jardines e, incluso, un parque zoológico y un área recreativa para niños. La gastronomía y el deporte también tenían cabida dentro de las propuestas de uso, con ofertas hosteleras en diferentes restaurantes, un jardín de la cerveza o un festival del vino. Se promovería la practica del deporte al aire libre o cursos de tai-chi. Toda una declaración de intenciones que, con el paso del tiempo podría haber desarrollado un proyecto muy ambicioso que hubiese proyectado la ciudad hacia otra perspectiva. Durante los últimos años de gobierno socialista, las fiestas de San Fernando y del Motín se celebraron en este espacio, provocando alabanzas y críticas entre todos los sectores de la sociedad ribereña. La entrada en el gobierno del Partido Popular, liderado por María José Martínez, terminó con esta idea que supuso un antes y un después. Las fiestas regresaron a la Mariblanca -veremos por cuánto tiempo- y El Raso se convirtió en una zona olvidada para los populares, que no se ocuparon de su conservación. Hoy en día, aquella zona histórica no alcanza el nivel de degradación que ostentaba cuando se inició su recuperación pero el desinterés del gobierno anterior permitió un deterioro del que solo se puede salir con una inyección económica de la que el Ayuntamiento no dispone.

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- Diseñador gráfico del Semanario MÁS.

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