Publicado: Vie, May 12th, 2017

Pobreza: ¿para siempre?

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Se suele decir que siempre hubo pobres, pero nunca hubo tanto pobre y tanta riqueza como actualmente. Antes de la última crisis había pobres, y no eran unos pocos. Con la llegada de la crisis, que, como todo, vino de los Estados Unidos, el país capitalista más desarrollado, la miseria se duplicó. Pobres excluidos, clases medias empobrecidas. Y ahora se afirma, a pesar de muchos datos que lo niegan, que se ha salido de esta catástrofe. La desigualdad se ha establecido como inevitable, “es lo que hay”, los que ganan mil euros mensuales tendrían que estar agradecidos. Al mismo tiempo, la riqueza se acumula sin pudor, cada vez en menos manos. La desigualdad ha crecido no solo entre países. En el mismo país hay regiones más carenciadas que  otras. En las mismas ciudades, va por barrio: las espectativa de vida son diferentes según en que calle se viva. De manera invisible, silenciosamente, han crecido muros que no necesitan alambradas y no tienen por qué estar vigilados por las fuerzas de seguridad del Estado, pues son infranqueables. Un sector significativo de personas está condenado a la exclusión, y los bancos de alimentos no son suficientes para atender una demanda que crece aunque no se note ni altere el ritmo de la presunta “recuperación”. Más de un millón de niñas y niños en España están desnutridos, pero son invisibles. Las playas llenas de alegres turistas, en las terrazas es difícil conseguir una mesa. La obesidad aumenta, se convierte en un problema de salud pública. El porvenir de los desnutridos está comprometido, a pesar de que existen recursos muy eficaces para que puedan abandonar esa zona peligrosa. Pero hemos salido de la crisis y cada vez que se sale de una crisis los desgraciados quedan como una herencia inevitable. En algunos países, del norte de Europa y en Canadá, por ejemplo, hay gobiernos que han tomado nota. Se consolida la idea  de imponer una renta básica universal, para evitar desigualdades, fortalecer la convivencia social, provocar el crecimiento del consumo. No se trata de solidaridad, se trata de evitar situaciones  tan injustas que pueden comprometer la paz social, la existencia misma de una sociedad que se autodefine como democrática, en la que los robot tengan que pagar impuestos y los paraisos fiscales sean considerados como entes terroristas.

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- Diseñador gráfico del Semanario MÁS.

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