Publicado: Jue, Abr 27th, 2017

Vacunas: el mejor salvavidas

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[ Héctor Anabitarte ] Hipócrates, hace 2500 años, atribuyó muchas enfermedades a abstractos desequilibrios de los humores internos del cuerpo humano. El mismísimo Aristóteles coincidió con este diagnóstico: siempre hay pioneros y suelen ser, además, incomprendidos, los que descubrieron que los bacilos y virus existián y eran la causa de muchas enfermedades infecciosas. Pasteur en 1885 logró la vacuna contra la rabia. Tres años antes Robert Koch, descubrió el bacilo del cólera. La humanidad entraba en una nueva era y la higiene evitaba muchas enfermedades: entonces los cirujanos ni se lavaban las manos. Se asumía, lentamente, que existía un mundo de microorganismos y no pocos de ellos podián matar o deteriorar la salud de manera muy significativa. En este proceso la ciencia evitó la muerte de millones de personas, muchas de ellas niñas y niños. La viruela pudo ser erradicada y la polio también podría serlo, pero en algunos países tropieza con fanáticos que se oponen a la vacunación. En esta “guerra” en pro de la salud pública no faltan sanitarios que desconfían de las vacunas, y algunos padres y madres, que administran la patria potestad de los menores, rechazan la inmunidad. Resulta contradictorio que las autoridades sanitarias recomienden vacunaciones y al mismo tiempo éstas no sean obligatorias ni gratuitas, situación que se ha agudizado en nombre de la crisis. En algunos países no se puede escolarizar a un menor si no ha recibido las correspondientes vacunas. En un menor no vacunado su vida puede estar en riesgo pero, por otra parte, en la escuela puede contagiar a otros niños. En Italia cuatro vacunas son obligatorias: difteria, tétanos, poliomielitis y hepatitis B, a diferencia de España. En España el cinco por ciento de las niñas y niños no están vacunados, lo que ha provocado hace meses la muerte de dos menores. La patria potestad, como todo, tiene límites. Si la familia se niega a que un menor reciba una transfusión de sangre, el médico debe comunicar esta situación al juez de turno que retirará temporalmente la potestad; es diferente si el enfermo fuera mayor de edad. Las vacunas no disfrutan de merecido prestigio. En poco más de un siglo han salvado la vida a muchos millones de personas, puede que a unos 500 millones. Todos los años, cuando llega la gripe, se aconseja que se vacunen los llamados “grupos de riesgo”, así y todo, la gripe mata anualmente a unas tres mil personas. Estos fallecimientos se pueden evitar, al menos la mayoría de ellos, y  también podrían evitarse muchos ingresos hospitalarios, el uso de diversos medicamentos y muchas bajas laborales: la gripe exige reposo. Conviene recordar la epidemia de gripe de 1918, mal llamada “gripe española”. A Europa la trajeron las tropas norteamericanas que desembarcaban en el continente durante la primera guerra mundial. Este virus, tan cambiante, mató más personas que la misma guerra. Las vacunas son eficientes, un simple pinchazo, y evitan muchas desgracias. Desgraciadamente vivimos en la llamada “posverdad”, y, por eso, conviene desautorizar a quienes de manera no científica niegan su importancia.

Sobre el Autor

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- Sindicalista, periodista, escritor y activista social. Vive en Aranjuez desde 2001. Es autor de varios libros y ensayos. Como periodista ha desarrollado su labor en Buenos Aires, Madrid, Barcelona, San Sebastián y Aranjuez. Participa activamente en la asociación de inmigrantes Hombro con Hombro.

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